Sevilla en la estampa

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Recientemente se inauguró una exposición de grabados y litografías en el Museo de Bellas Artes, donados por Francisco Luque, que refleja la necesidad que un centro cultural tiene del cariño y cercanía de su ciudad: Sevilla.

Sencillamente magistral la exposición.

El grupo de obras donadas tiene como línea argumental común la iconografía de la ciudad, en un recorrido que abarca varios siglos y que permite dar a conocer la evolución de la técnica de la estampa, así como la manera en que se difunde su imagen.

La exposición se inicia con estampas barrocas que ponen de manifiesto la presencia de Sevilla en el mundo de la imagen gráfica. Las obras del siglo XIX constituyen el grueso de la donación, impulsado por el Romanticismo, en donde se muestra la admiración por lo español y por Sevilla.

Por ejemplo, nos recuerda en una visual la historia de la conquista de Sevilla, sobre la que pasamos de puntillas, o determinados monumentos de la ciudad: Plaza Nueva, plaza de San Francisco, puerta de Carmona, San Telmo, alameda de Hércules etc, etc, que nos reconcilian con nuestra historia y nos habla de la necesidad de no perder el prestigio jamás. Es lo máximo que podemos tener.

La celebración de la canonización del rey Santo en 1671 y los fastos que se celebran en la ciudad, recogidos en un libro Fiestas de la Iglesia Metropolitana y Patriarcal al nuevo culto del señor el Rey San Fernando el Tercero de Castilla y de León, está representada por tres aguafuertes, dos de Matías Arteaga y uno de Juan de Valdés Leal, en los que nos dan a conocer como la ciudad celebra dicho acontecimiento, con gallardetes, estandartes, y con estructuras efímeras, lo que esta ciudad conoce bien desde siempre, manteniendo esa tradición en los tiempos actuales.

La visual es impresionante. Se trata de 100 representaciones de lo mejor de Sevilla. Detengamonos en una de ellas, la que ilustra la portada del artículo: Vista de Sevilla, de Ottens, publicada en 1710, variante de una previa de Merian de 1610, a la que se ha añadido una leyenda inferior laudatoria de Arias Montano, erudito bien conocido por todos además de dar nombre a la peña de Alájar, y en la que se dibuja con especial minuciosidad el caserío, el puerto y el trasiego de barcos por el Guadal/quevir, con Triana en primer plano, y la rotulación de: Sevillia, Qui non havisia non havista maravilla

Seguimos pensando igual, ¿pero que hace usted por su ciudad?

Visítenla, no defraudará. Estará hasta el 1 de Octubre. Quien no la ha visitado no ha visto maravilla.

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