El Rocío de D. Blas Femo

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Es D. Blas de esos tipos que nunca ahorran una coz contra todo lo divino. Y no porque se le escape en momentos de arrebato, sino porque le brotan como algo natural, como una muletilla más de su rico lenguaje y su «fuerte» personalidad expresiva, de la que tan orgulloso se muestra. Siempre se encuentra dispuesto, en esta evacuadora actitud mental, a proferir las más groseras ordinarieces hacia Dios o hacia Su Santa Madre. Y si a veces alguien le reprende por tan laxante verborrea dirigida contra lo más sagrado, él contesta muy crecido que nadie tiene que decirle nada, que él es libre y mayorcito, y que se lo hace encima de quien le dé la gana, por muy alto que esté. Constituye, sin duda, D. Blas la envidia de los estreñidos.

Pero cuando vienen estos días tan señalaítos, comienza a hablar del Rocío… De ese pedazo de casa que alquila con sus amigos, de lo bien que se lo pasan y del polvo del camino ¡Ay, el Rocío…! En él D. Blas se nos transforma milagrosamente, removido por esa emoción lacrimógena que genera un buen trasiego de vino. Y no encontraremos medalla más grande que la suya, ni otro que alce más la voz marcando vena en el cuello como surco de carreta, invitando a todo el mundo a cantarle… a la Señora, a bailarle… a la Señora, a beber… por la Señora.

Es una de tantas cosas buenas que tiene el Rocío: que tipos tan ridículamente absurdos e incoherentes como éste, al menos dejan de blasfemar durante una semanita al año.

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1 Comentario

  1. En la malhablada Andalucía, donde nunca faltaba un coño o un hijoputa para salpimentar la conversación, no se blasfemaba. Algo que llamaba la atención a las gentes del norte, tan dadas a demostrar su fe con la blasfemia -¿qué sentido tiene blasfemar si no se cree?- y que, en el fondo, era otra muestra de lo especial de los andaluces. Hoy eso se ha perdido casi por completo y la gente blasfema “desde la más tierna edad”. Otro triunfo de las series y de la incultura de masas. El gran Marlboro Churchill nos trae un caso muy de aquí y de nuestros días: el blasfemo a medias beato a fecha fija, a medias golfo y botarate. Un asco de blasfemo, un blasfemo de mierda.

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