Los ellos, las ellas y el resto

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Confieso que escribo con miedo.

Que cada vez mido más las palabras y sus múltiples significados. Que temo que en cualquier momento un talibán de lo políticamente correcto me acuse con su dedo inquisidor.

Porque eso de que las palabras las carga el diablo cada vez es más real y más evidente.

Hoy me voy a centrar en lo del género. Que de toda la vida eran dos. Y ahora son infinitos. Y a mí lo de poner la @rroba para incluir a todo el mundo me resulta bien raro. Que yo estudié que el masculino plural nos incluía a todos, y que según la RAE era una cuestión de economía del lenguaje. Y soy tan rara que nunca me he sentido menos bienvenida cuando decían “Hola a todos” cuando estaba en un grupo mixto.

Así que ahora hay que saludar a todo el mundo: “Hola, buenas tardes a todos y a todas. Espero que no estéis muy cansados y cansadas el viaje. Me alegro de veros tan contentos y contentas…” Y así hasta el infinito. Y más allá. Hasta que alguien que decida que “todo el mundo” también es peyorativo y haya que decir todo el mundo y toda la munda.

También ando con miedo de no saber distinguir quién se acuesta con quién y no distinguir si es mujer en cuerpo de hombre al que le gustan las mujeres, u hombre en cuerpo de hombre al que le gustan los hombres, hombre en cuerpo de mujer al que le gustan los hombres, mujer en cuerpo de… Un jaleo, vaya. Porque si les digo la verdad,  me importa una vaina quién se acuesta con quién o qué preferencias sexuales tiene cada uno ( y cada una, sorry).

Sobre todo porque hay muchas personas que no van por ahí pregonando lo que les gusta, y mucho menos si practican mucho, poco o nada de sexo. A mí me presentan a alguien y es, lo primero, una persona. Con quien desfogue sus instintos me da lo mismo, se llame Gregoria, Torcuato o Ylenia.

También está el miedo a que alguien se ofenda por exclusión. Que si hablas del Día de la Madre, los padres solteros se ofenden, porque ellos hacen de padre y de madre. Pues no, señores. Podrán hacer de padres, pero madres no son. Y viceversa. Aunque ahora con este lío de géneros todos podemos ser de todo y nada a la vez.

Decía Bertolt Brecht: “Qué tiempos serán los que vivimos, que hay que defender lo obvio”. Y lo obvio es que estamos fabricando una sociedad infantilizada, en la que todo el mundo se ofende por todo, en la que se pretende prohibir hasta la mínima expresión disidente y homogeneizar desde lo no habitual. Así que permanezcan atentos y alerta, que siempre habrá alguien dispuesto a sentirse agraviado diga lo que diga.

Por cierto: ¿alguien es él, ella o ello?

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