Diez por cada uno

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El ex teniente de Alcalde, Antonio Rodrigo Torrijos, incluyó una normativa municipal en la que obligaba al Ayuntamiento a plantar diez árboles por cada uno talado. Esta normativa, a la vista está, se incumple flagrantemente.

Cierto es que en muchas ocasiones plantar diez árboles puede ser una barbaridad. El problema es cuando se talan diez y no se planta ninguno. Así tenemos la ciudad que tenemos, que es un auténtico páramo.

Sólo hay que pasear en las horas centrales del día por la Avenida de la Constitución para transportarse al desierto de Tabernas. Nuestro particular trocito de Almería carece de sombras en las que poder buscar alivio o cobijarse.

Se han perdido las calles en las que el Sol apenas penetraba por la frondosidad de los árboles que se encontraban a los lados. Un ejemplo muy claro es la Avenida de Miraflores, dónde hace años costaba que un rayo de sol atravesase por las copas de los mismos.

Sevilla tiene déficit de sombra. Y de fuentes. Es una ciudad que vive la mitad del año en pleno verano y no ha aprendido a gestionarlo.

El micro clima para apaciguar los estragos del verano también se puede crear y generar con los árboles, no sólo con los chorritos molestos de los bares que te dan en toda la cara.

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