Torrijos

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Amanecía la mañana con la suspensión de la carrera de la Mujer en la capital mientras Valencina se levantaba festiva en el segundo domingo de octubre.

Octubre es Valencina como mayo es Rocío. Desayunamos en Camas porque la venta Bobito tenía pinta de estar cerrada, cosa por otro lado más que normal, en un día tan grande.

En la hacienda del Marqués de Casamendaro se preparaban los chiringuitos y las reuniones para esperar a los romeros.

Y salió la Virgen de la Estrella hacia la hacienda a encontrarse con el Cristo de Torrijos, un Cristo que se encontró emparedado a principios del XVII, cuando unas gallinas se acercaron a la pared tras la que estaba.

Por eso el Cristo a sus pies lleva una gallina. Los romeros cruzan el pueblo en una romeria que hunde sus raices en el XVII y que tiene un gran número de caballistas precediendo a la Virgen, que llegan a la hacienda donde se celebra una misa en el patio de los jazmines.

El lunes será fiesta local en el pueblo y ya quedarán los viernes de quinario al Cristo y el Torrijos chico el último viernes. Allí los dejé a la reunión de las monjas disfrutando de un domingo de romeria como sólo ellos saben hacer. Un año más Valencina de la Concepción cumplió con su Cristo.

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