Pablo Bonilla, el infiltrado que aportó claves sobre el paradero de Marta

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Su nombre es Pablo Bonilla, durante meses, estuvo “infiltrado” en la familia de Javier García, “El Cuco”, menor de edad cuando se produjo la desaparición y muerte de Marta del Castillo. Consiguió grabar cientos de horas de conversaciones con Rosalía García y Ángel Romero, los padres del joven, un material que el inflitrado puso a disposición del juez a través de Antonio del Castillo, el padre de Marta. El juez no aceptó las escuchas pues entendió que al no acudir a los juzgados en compañía de su abogada, no era la fórmula correcta al estar él mismo incluido en la causa. Sin embargo, tras las protestas del padre de Marta, el magistrado decidió finalmente aceptarlas. Se trata de unas pruebas que tanto el padre de Marta del Castillo como el propio infiltrado consideran que podrían aportar “información clave, como el nombre de las personas que podrían saber el paradero del cuerpo de la joven, así como otros delitos que no han sido juzgados hasta el momento y detalles especialmente significativos sobre el proceder del Grupo de Menores del Cuerpo Nacional de Policía”.
De las grabaciones, a las que ha tenido acceso XYZ, se podría desprender que el GRUME era conocedor de todos los aspectos que dieron lugar a la apertura del procedimiento contra los padres del Cuco y a éste mismo, por un presunto delito de falso testimonio.
Las 600 horas de grabaciones que el inflitrado aportó al juzgado “fueron contrastadas con los testimonios de testigos que acompañaron a los padres de El Cuco la misma noche de la desaparición e incluso los camareros que atendieron al grupo de acompañantes en el que estaban integrados los padres del menor en la sala de fiestas La Portada, todo ello sostenido en las grabaciones en las que desprende el temor de estos a que , tanto el camarero como el matrimonio pudiesen echar por tierra sus testimonios si estos fuesen interrogados y recordasen que realmente no cuadrarían los horarios declarados con los que realmente eran ciertos”, sostiene.
El Cuco, en una reciente fotografía captada en Rognac (Francia).
El Cuco, en una reciente fotografía captada en Rognac (Francia).
Tal información demostraría que ademas del vehículo declarado en su día a preguntas de los investigadores , “existían dos vehículos mas en perfecto estado de uso y que no fueron expuestos en las declaraciones, y que como resultado de la labor del infiltrado fueron puestos al descubierto, “como también el hecho de que ocultase a las personas de su ámbito mas cercano, clientes de la peña que regentaban y compañeros de trabajo, que aquel domingo, día posterior a la desaparición de Marta Del Castillo, no se presentara a la convocatoria del SAS que le daba la posibilidad de reanudar su plaza en el centro médico que trabajaba entonces, dando como resultado que esta perdiese su puesto de trabajo, fueron utilizadas por los investigadores en el caso para enfrentárselas como pruebas en las reuniones que se mantuvieron extrajudicialmente y a las que la madre de El Cuco acudió con el temor de que fuese citada ya en calidad de imputada, con el único objetivo de lograr a cambio la información que les llevara a la localización del cuerpo de Marta, reconociendo esta todos los aspectos que se le presentan y negando únicamente el que corresponde a las sospecha de que Samuel Benitez hubiese visitado el domicilio de estos, cosa que no era real ni estaba contrastado”, relata Pablo Bonilla.
Última búsqueda del cuerpo de Marta en la localidad de Camas.
Última búsqueda del cuerpo de Marta en la localidad de Camas.
El infiltrado, que continúa su batalla por el reconocimiento de las pruebas recopiladas durante el tiempo en el estuvo infiltrado en la familia del joven ahora residente en Francia, recuerda que Rosalía “se negó aportar datos que interesan a la investigación“. En las reuniones con los investigadores en las que estuvo presente la madre del joven “se planteó la posibilidad de que el inflitrado se personarse en la causa como testigo, sin delatar que ya hubiese estado colaborando de manera extrajudicial y que aportase la información recabada de manera independiente habiendo actuado de modo propio y que presentaría los falsos testimonios prestados anteriormente por los padres de El Cuco”.
Rosalía García y Ángel Romero, padres de El Cuco.
Rosalía García y Ángel Romero, padres de El Cuco.
Según relata Pablo Bonilla, “tras muchas valoraciones se llegó a la conclusión de que no se quería que se imputase a Rosalia por encubrimiento a Miguel Carcaño, dado que esto provocaría mas ruido mediático y ello no era del gusto de los que dirigían la investigación, temiéndose que se descubriese mi labor de informante y la asociaran a la investigación del caso”.
El infiltrado en la familia de El Cuco afirma que existen mas datos y grabaciones con los mandos policiales de Brigada Provincial de Policía Judicial en la Jefatura Provincial de Sevilla y los investigadores, “que me reservo para el esclarecimiento de cualquier cuestionamiento que se me presente en un futuro, y que no dejarían duda de la veracidad de todos los aspectos que se ponen de manifiesto en mi testimonio y en las más de 600 horas de grabaciones aportadas y posteriormente rechazadas por un formalismo”, asevera.
De manera sorprendente, la Policía de Sevilla, tras descubrirse públicamente el papel desempeñado por Pablo Bonilla, calificó de “delincuente” al infiltrado, restando credibilidad a las pruebas aportadas. Sin embargo, el juez que mantiene abierta una investigación al Cuco y a sus padres por un delito de falso testimonio en el juicio por el asesinato de Marta del Castillo ha pedido a la Policía Nacional que acredite si hubo realmente un “infiltrado” en el entorno de esta familia y si fue “infiltrado por algún grupo” que intervino en las pesquisas para esclarecer el crimen.
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