En tenguerengue

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Según la RAE: “sin estabilidad, en equilibrio inestable”.

Alguien me dijo una vez que la verdadera sabiduría de esta ciudad está en las tascas, y que si ese día no está el día para ideas brillantes siempre te puedes tomar una mediana de Cruzcampo.

Así me crucé con la imagen que corona estas letras. En un local en el que el camarero aún sigue siendo tasquero, de aquellos que derrochaba sabiduría y gracia a partes iguales.

Alguien pide un amontillado, se para con el cliente, “huélelo bien, oler es beber con el alma”.
Aún quedan rastros de otra Sevilla, una botella de manzanilla “Er 77” de aquel grupo que, según me contaba mi abuelo, hicieron una fiesta de transportar un piano desde la Gran Plaza al Centro. Ahora habría algún observatorio pendiente de si oprimieron a alguien.

Y en medio de clientes que van y vienen la palabra “tenguerengue” escrita sobre unas cajas en las que cuando te sientas en ese rincón tiendes a apoyarte. ¿No hay un observatorio de las palabras perdidas?. Ya vale cualquier cosa, salvo las que tienen algún sentido. (Ojo que hay muchos observatorios necesarios eh). Ahora que el mapa tal y como lo conocemos está en tenguerengue usaremos la palabra para que suba al menos en sus estadísticas de uso. A fuerza de ser repetitivo estaba claro que tarde o temprano esa parte de los catalanes que huyen hacia delante cubiertos con su estelada iban a poner en tenguerengue los sistemas de este país. Pero lo peor no es eso, lo peor es el mundo, que tampoco acompaña. Por un lado los terroristas que ponen en tenguerengue nuestro ritmo habitual de vida y por otro lado el coreano, que el chaval no tiene otra que celebrar las cosas con misiles, con lo a gusto que se queda uno en una barbacoa.

Y luego esta la ciudad, la siempre en tenguerengue Ciudad de Sevilla, para la que cualquier suceso pone sus más hondas raíces en tenguerengue. Que si el Marxit (martes exit). Que si el fútbol. Macetones (sin rima) más frondosos o menos. Inversiones que van y vienen, y otras que no llegan y una ciudad que siendo distinta a todas se empeña en ser como las demás…

Sigo divagando y me apoyo en la caja que estaba en tenguerengue y se cae. Emilio (el tasquero) me mira condescendiente. Te voy a poner un cabrales con picante para que le eches algo a la cerveza, tu sabes montaito de diseño. Mis pituitarias que estaban en tenguerengue confirman que ahí viene el montaito (montadito es para cuando te subes al autobús). Ea con Dios y usen más las palabras que se están perdiendo, si les apetece, claro, tampoco soy yo quien para meterme en la vida de nadie.

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