El carnicero que conoció a Roberto Benigni

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Me llego a verlo. Esta es su última semana de trabajo. Paco el carnicero se jubila de su amado Mercado de la Encarnación. Comenzó a servir carne con 11 años, junto al mandil de su querido padre y ha conocido los tres formatos de su plaza de abastos. Sigue luchando por una puerta delante de su puesto, que iba en el proyecto y tres alcaldes la esquivaron. Paco está cortando jamón, “prueba esto” “de Alanís na menos”.

Hoy no trae su americana de la suerte, aquella que prestó a conocidos y que valió algún Goya y algún acta de concejal. Viste un polo blanco de publicidad con el que guerrea tras el mostrador, donde cuelga el primer premio en defensa del patrimonio Ben Basso que le fue otorgado en 2006 y su licencia de apertura que data de 1964.

Inició tres carreras: Comercio, Música y Bellas Artes donde tuvo profesores como Juan Valdés o Ben Yessef, y de donde conserva una colección de obras que hizo en otra época.

Mira nostálgico hacia la zona de José Gestoso. Aquel hombre que, como él, tanto se preocupó por el patrimonio de esta ciudad. Toma aire y me recuerda la enfermedad de su padre, de como James Brown lo sacó de las ausencias y la película de nazis que ponían el día que se fue para siempre.

Se hace un silencio propio de la gravedad de los recuerdos. “¿Sabes que conocí a Roberto Benigni? el de La Vida es Bella. Era un chaval y venía con Vecchi, el director”.

“También conozco a Alberto Rodriguez y a Santi Amodeo, de hecho he salido en varias de sus películas. Estuve en Banco, su primer corto, de ahí hasta Grupo 7 donde salía en una redada en un puti-club del Pumarejo. He salido en varias más, como en una pasión singular donde le daba un premio a Blas Infante y todo. En el traje, Siete Vírgenes…” Se queda pensativo recordando tiempos mejores.

“¿Sabes que ya me dejan el asiento en el autobús?”, lo dice con cierto hálito de melancolía que me desarma. Son 72 años y desde los 11 en la trinchera, aunque por momentos sigue en su alma esa energía que ha guiado su quehacer. Por otros momentos se le nota cansado.

La desaparición de los sindicatos verticales en el cambio de régimen lo tuvo trabajando años en un limbo que ahora le lleva a cobrar una paga exigua. Paco se jubila el sábado 12 de agosto, se me van historias de un mercado de otras épocas, ya los alcaldes venideros no tendrán la preocupación de que Paco venga a pedirle su puerta.

“Toma, llévate este jamoncito de los Romeros de Alanis y te acuerdas del Paco cuando te tomes una cerveza en el Vizcaíno.”

Voy a echarte de menos en la geografía de esta ciudad que pierde un tendero de los que ya quedan pocos, disfruta de tu jubilación.

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