El guardamanto de la Salud

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Podría llamarse Dani y ser vecino de la Salud. Puede sonarte su cara de concursos cofrades televisivos, en otros tiempos de televisiones locales. Y este año está de enhorabuena su Madre será coronada, ya no es una fecha que se ve en la lejania, ya es algo inminente. Algo que se ve ya en las páginas de la agenda semanal.

La familia llegó al barrio cuando Celes y Manolo, sus abuelos, consiguieron esa casa en la calle Llana, hasta 1946 no se rotularía con el nombre actual, Virgen de la Salud, de hecho contaba su abuela que tuvieron que pedirle la llave al cura, cuando aquel militar que la tenía apalabrada se echó atrás.

Fernando, su padre, nació en esa casa. En 1939 en una Sevilla que se recuperaba de años de guerra incivil, tres años antes de que Antonio Gamiz y Alfredo Martinez, esos niños de la collación de San Ildefonso vieran culminada su intención de crear una hermandad. Primero lo intentaron con el Cautivo y después con la Virgen de la Angustia que terminó yéndose a la Universidad.

Después vendría el esfuerzo de un grupo de jovenes que con el apoyo de un adulto Federico Ávila y con el beneplácito del Cardenal Segura y el párroco de Santa Ana, se establecen en la iglesia de San Gonzalo. Ya hace 75 años, una fecha redonda. Mi amigo el guardamanto tiene la proximidad de su Virgen como ese vínculo con las personas que le faltan, porque Fernando, su padre, se fue. Loli su madre también y Celes, su abuela fue la última en dejarlo. Hoy habrá sentido la proximidad de las ausencias cuando su Virgen sin corona haya cruzado su plaza. Ese camino que tantas veces habrá recorrido para llegarse a verla. Me lo imagino en una esquina viéndola cruzar con el alma encogida, con el recuerdo de los besos de su madre, con la devoción inculcada de su abuela y su hermandad, aquella donde su padre Fernando lo apuntó a temprana edad. Hoy mi amigo el guardamanto habrá seguido a su Virgen donde Ella haya querido porque la devoción que se cuela en los resquicios del corazón no sale como si nada. No se va por el dolor de la vida. Hoy mi amigo el guardamanto habrá notado la cercanía de los suyos prendida de ese manto blanco que cuando escribo estas líneas debe de estar llegando al Baratillo, allí donde este pobre junta letras tiene un tercio de alma cofrade.

Podría llamarse Dani y podría ser el guardamanto de la Virgen de la Salud….

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