Batallas necias al sevillano modo

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Hace un tiempo hablé de ese tipo de personas que firman columnas en diarios de la ciudad con su puesto en junta de gobierno a modo de aval, currículum o biografía -directamente-.

Como dije aquel día y suscribo hoy, la batalla necia del sevillano es la de lograr el pregón -ya sea el del barrio de Amate- o militar en una junta de gobierno para así, poder alardear de ella en las barras más viejas, añadir a las biografías de Twitter o utilizarlas al bien interés personal para según qué futuras acciones. Don Ignacio Valduerteles es de ese tipo de personas. Un profesional de los pies a la cabeza pero que, a veces, la caballerosidad la pierde por el retrete de las letras.

Ahora cuenta a modo defensa -curiosamente-, que los jóvenes cofrades no están lo suficientemente preparados que deberían. Quizás sea momento de recordarle la edad con la que Enrique Esquivias tomó la vara dorada de la Hermandad del Gran Poder o José Moncayo en el Beso de Judas.

Quizás podemos bajar un escalón más y hacerle conocer la cantidad de personas con una media de 40 años que forman parte de juntas de gobierno en nuestras hermandades y cofradías o, quizás, puedo presentarle a Ricardo Flores, secretario de la Hermandad del Polígono de San Pablo y que no llega a los treinta años. Recuerdo una cita de Francisco de Quevedo que me viene muy al caso: “Todos deseamos llegar a viejos; y todos negamos que hemos llegado”. Creo que lo último que debemos hacer en las cofradías es echar por tierra la madurez y responsabilidad de los jóvenes cofrades. Hay que recordar que todos fuimos alguna vez pajes, acólitos, estuvimos limpiando plata o vendimos papeletas.

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1 Comentario

  1. El problema está en hacer una diferenciación que no debería existir. Personas de cualquier edad pueden ser válidas, pero es cierto que últimamente sufrimos la dictadura de la juventud en todos los aspectos y la desalificación y discriminación de los mayores; la experiencia, que siempre ha sido una cualidad fundamental, se valora cada vez menos.
    Usted mismo es un buen ejemplo de todo esto, seguro que con algunos años más tiene una gran vaildez, pero de momento intente con humildad ir concienciándose de sus fallos y perfeccionar desde su sintaxis hasta su correcto discernimiento en el ejercicio del periodismo.

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