La cruel realidad de ser joven en Sevilla

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Inés es estudiante en la Universidad de Sevilla. Amante de la literatura, decidió cursar el Grado de Periodismo bajo las recomendaciones de su familia. Pese a ser becada por el Ministerio de Educación, se ve obligada a trabajar para costearse su día a día. Desde las cuatro de la tarde a las doce de la noche, Inés trabaja en el cine y entre palomitas y tickets, estudia las teorías del periodismo y la vida de Truman Capote. Sabe a qué hora se levanta pero no sabe a qué hora se acuesta. Sabe que estudia para tener un futuro mejor pero no sabe si lo tendrá.

Como ella, muchos son los jóvenes que cuando acaben sus estudios formarán parte de las cifras de paro que inundan los medios de comunicación en la actualidad. El secretario general de CCOO de Sevilla, Alfonso Vidán, junto con la secretaria de Juventud de CCOO de Sevilla, Sara de los Reyes, han alertado la ausencia de un futuro estable para jóvenes como Inés. La provincia de Sevilla ostenta una tasa de paro cerca del 40 por cierto.

Con respecto a la otra cara de la moneda, aquellos jóvenes que consiguen empleo, no siempre el deseado, reciben una remuneración media de 697 euros al mes. De forma paralela, el 48,6 por ciento de los jóvenes poseen contratos temporales y solo el 16,34 por ciento de los jóvenes en paro tienen protección por desempleo.

“Los jóvenes solo pueden mirar al día a día y no plantearse su vida a medio o largo plazo”, señala la secretaria de Juventud de CCOO de Sevilla. A estas alarmantes cifras, se suma que 22.300 jóvenes han tenido que abandonar la provincia sevillana en busca de un futuro mejor. Jóvenes como Inés formarán parte del saldo migratorio negativo de Sevilla que aumenta año tras año y que los poderes públicos ignoran “mirando para otro lado”.

“Con un 40 por ciento de paro juvenil, la provincia de Sevilla no tiene futuro”, añade Sara de los Reyes. La capital no será la única que tenga un futuro incierto. Cientos de jóvenes como Inés tienen un difuso proyecto de vida que representa la realidad. La cruel realidad de ser joven en Sevilla.

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