El Museo arqueológico. Las vergüenzas de una joya

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Hace poco más de 75 años, la ciudad de Sevilla cedía al Ministerio de Educación el pabellón de Bellas Artes, un monumental edificio enclavado en la Plaza de América diseñado por el Arquitecto Aníbal González, tomando elementos del estilo renacentista de ahí su sobrenombre de “pabellón renacentista”.  Esta cesión se produjo al quedarse pequeño su anterior espacio, el convento casa grande de la Merced, donde compartía sitio con la gran pinacoteca, que aún hoy día sigue, en el actual museo de Bellas Artes.

El espacio expositivo, gracias a la monumentalidad del edifico y su tamaño, supone una auténtica garantía para albergar la magnífica colección, sobre todo en lo referente a lo extraído por excavaciones en Itálica y otros enclaves romanos de la provincia. Sin embargo dar un paseo por el museo arqueológico, dirigido por la consejería de Cultura de la Junta de Andalucía, no puede más que demostrar a todas luces lo olvidado, dejado y mal aprovechado que está un edificio y una colección de los más importantes del país.

El Museo Arqueológico jamás ha entrado en el Siglo XXI, textualmente, pues hasta los textos explicativos, recogen frases como “excavaciones de mitad de siglo” no teniendo en cuenta que llevamos ya casi 18 años de un nuevo siglo.

En 2010 se aprobó una profunda reforma del espacio, por parte del arquitecto Guillermo Vázquez Consuegra, por valor de 33 Millones de Euros. Desde entonces sigue en un cajón guardada y posiblemente olvidada ante el alarmante estado del edificio y sobre todo la lectura museográfica más propia de los años 70 que del Siglo XXI.

La Junta de Andalucía ha herido de muerte a uno de los museos más importantes de España, condenándole al olvido. Por la falta de presupuesto y la alarmante falta de personal, nuestro museo arqueológico es todo lo que no debería ser un Museo del Siglo XXI.

En nuestro paseo por el mismo, además de sorprendernos la poca presencia de visitantes en una buena hora de la mañana, una buena época para el turismo y estar enclavado en una de las zonas más visitadas de la ciudad, nos llama la atención la poca presencia de personal.

Contamos con los dedos de una sola mano la presencia de trabajadores del Museo actuando de vigilancia o atención al público, un par de taquilleros, tres vigilantes o encargados de salas para más de 40 estancias que existen en el museo que obviamente tienen imposible estar en todas con la consiguiente inseguridad para las obras que se exponen, prácticamente a mano en todas las salas. Usted puede ir pisando una y otra vez por cada estancia los espectaculares mosaicos romanos que alberga la colección, sin más presencia que una cámara de videovigilancia que para cuando usted hubiese sido advertido de no poder pisarlos ya habría pasado por todos ellos, sin aviso alguno ni por personal ni por cartelería o protección.

En nuestro paseo dos trabajadores recorrían las salas, en busca de una tela de araña que alguien les había indicado sobre un foco. Pocas veces más nos encontramos con algún otro.

Sus puestos de trabajo si estaban marcados, eso sí, por unas sillas vacías en cada sala con la presencia de un gran ventilador que mitigase la escasa o nula refrigeración del espacio, teniendo en cuenta las temperaturas de la ciudad llama la atención la ausencia de aires acondicionados aptos para todo el recinto. No quiero imaginar cómo han debido ser los meses de máximas temperaturas y las que quedan por venir, si hacía y se notaba ya bastante calor esa mañana.

Asunto que resulta alarmantemente llamativo es la lectura museográfica de la colección, los paneles explicativos son escasos, impresos en ocasiones por antiguas máquinas de escribir colgados de marcos sobre paredes desconchadas de gotelé.  Si usted es un amante de los museos como yo, no verá jamás en ningún museo de este nivel ni incluso de niveles más discretos una lectura más arcaica y menos adaptada a las nuevas técnicas museográficas que este. Bueno quizás si, justo enfrente en el de artes y costumbres populares, pero ese lo dejaremos para otro día.

La ausencia de verdaderas explicaciones de lo que estamos viendo, de narrativa en el recorrido, de hacer entender al visitante la valía de una, repetimos, auténtica joya de colección, es alarmante.

No cuentan, además, con algo esencial en los museos actuales de todo el mundo, las audioguías, que prácticamente se financian solas con el alquiler de las mismas, las explicaciones en varios idiomas de las piezas que estamos observando o las introducciones explicativas de las distintas salas para conocer de qué tratan.

Si eres un visitante oriental, por ejemplo, que desconoce mucho sobre el tema de Roma y su imperio, puedes salir del museo sin saber ni que es un mosaico, ni cuál es la técnica que empleaban para hacerlos o cuáles son los motivos más usados y su simbología. Un despropósito educativo para vender el pasado y la historia de nuestra tierra. Y he dicho oriental como podría decir hasta para un sevillano.

Una de las zonas con, quizás, mejor lectura museística sea la de los grandes tesoros de tartesios o fenicios,  donde se engloba otra de las joyas, el Tesoro del Carambolo. Esta sala, mucho más rica en explicaciones, narrativa y didáctica de la colección (tan solo en español para no poder decir que lo hacen bien del todo) tiene un gran lunar.

Cuando llegas al entendimiento de la época, circunstancia, historia y conocimiento de las piezas que allí se guardan te acercas con entusiasmo al tesoro, que te han descrito con tanto mimo y ¡ZAS!, lo que allí observas no es más que una copia, fantástica eso sí, que realizase Fernando Marmolejo en el Siglo XX en su taller de la plaza del Molviedro.

¿Se imaginan ustedes llegar al Museo británico a conocer la piedra Rossetta y que sea una piedra tallada por un tipo en un taller artesanal de piedras y no la original egipcia encontrada por las tropas de Napoleón?

En Sevilla la gran joya de la Arqueología que es el tesoro del Carambolo, que habla de una civilización como la tartesia, que a raíz de este descubrimiento ha marcado un antes y un después en la Historia de toda la Europa antigua es sencillamente una copia y no podemos ver la real. Inconcebible.

El edificio cuenta con salas cerradas, con problemas de estructuras con una lectura de hace 40 años obsoleta, anticuada y caduca para las técnicas hoy existentes y con una nula capacidad de venderse al exterior. (No cuenta ni con presencia en las redes sociales)

En los últimos años hemos visto cómo se remodelaban el Arqueológico de Alicante, el Bellas Artes de San Sebastián, el Museo de Asturias, el de Málaga, se ampliaban el Reina Sofía o el Prado e incluso se invertían 150 millones de euros en el Museo de las Colecciones Reales de Madrid. ¿Cuándo es el turno del Arqueológico de Sevilla?

Les dejamos una galería de lo más llamativo que nos hemos encontrado en este paseo por el Museo, al que entendemos, le debe llegar alguna vez el turno de convertirse en un referente museístico de Andalucía.

Se lo debemos a los andaluces y sevillanos que nos legaron en la antigüedad las joyas que en él se guardan y que hablan de nuestra historia para hacernos entender lo que hoy somos.

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3 Comentarios

  1. Está por conocerse el primer sevillano, o sevillana, que haya entrado al museo, mi arma.

    Asunto ciertamente importante el que relatas, Carlos. Ahora, me temo que no veremos asambleas, ni manifas ni mandangas de esas para pedir que “actualicen” el museo. Lo más relevante, para mí, el asunto de la narrativa que comentas.

    Nos importa un pimiento la cultura (la verdadera cultura, no me refiero a la Cruzcampo y a las romerías) y votamos políticos a los que les importa 3/4 de lo mismo, con lo que hacen menos y nada por tal asunto, a no ser que haya votos, o televisión de por medio.

    Por cierto, estaría bueno que contara con presencia en redes sociales antes de meterle una buena mano al contenido del museo. Digo yo que será más importante esto segundo que el vender humo, ¿no?

  2. Tengo entendido que el plan de renovacion del museo esta aprobado, pero le pillo la crisis. Eso no hace que se suspenda el plan, solo que se retrase. Por otro lado, eñ tesoro del carambolo no esta en el museo por falta de seguridad y ya que hablamos del tesoro, debo de indicar que es fenicio y no tartessio. Un sañudo

    • ¿Tiene entendido que le pilló la crisis al Arqueológico? ¿Y qué no ha entendido de que “en los últimos años hemos visto cómo se remodelaban el Arqueológico de Alicante, el Bellas Artes de San Sebastián, el Museo de Asturias, el de Málaga, se ampliaban el Reina Sofía o el Prado e incluso se invertían 150 millones de euros en el Museo de las Colecciones Reales de Madrid”?

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