La historia de la calle Génova, nuestra Avenidad de la Constitución

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Avenida en 1922

La Avenida de la Constitución actual, donde se afinca la sede de nuestro sevillano diario, sencillamente no era una avenida, ni tan siquiera una calle, era un entramado de callejones, orientadas de diferente manera, con diferentes longitudes y anchuras que hacían totalmente imposible que desde la Puerta de Jerez a la Plaza Nueva llegasen, como ahora surca el metro centro, el carril bici o el rumano del acordeon, en línea recta.

El “postureo” sevillano, que no es de ahora, y la novelería, hicieron que Sevilla quisiese estar a la vanguardia de las grandes ciudades europeas, todas con una gran avenida central que conectaban sus principales centros de negocios, turismo u ocio. Sevilla no quiso ser menos, a costa de perder en ocasiones hasta su propia esencia copiando las últimas tendencias, y ahí se fijó en la París de Napoleón III que proyectó una ciudad moderna arrasando la antigua ciudad con sus grandes avenidas.

Sevilla quiso su gran avenida, como Madrid con la Gran Vía o Barcelona y sus diagonales, proyectadas en tiempos similares. Pero Sevilla no era Madrid ni Barcelona en cuanto a sus fondos económicos y los primeros proyectos quedaron en cajones olvidados. Esto fue así hasta que la explosión económica, social y urbanística que supuso proponer a Sevilla como sede para celebrar la Exposición Iberoamericana, que se inauguró en el año 1929 pero que se empezó a proyectar desde 1910 y cuya primera fecha elegida era 1914, con el consiguiente aumento de presupuestos y la inyección económica a la ciudad por parte del Gobierno Central.

Se produjo así la que , quizás, es una de las reformas urbanísticas más notables de la historia de la ciudad. La piqueta se encargo de derribar manzanas completas de viviendas, el histórico colegio de Santo Tomás o la no menos histórica Universidad de Santa María (de la cual mantenemos la pequeña capilla que es sede del Consejo de Hermandades y Cofradías hoy).

 

El nombre de la calle, “Genova” lo mantiene por una angosta calle que iba desde el arquillo del Ayuntamiento hasta el cruce de Alemanes y que recibía ese nombre por los comerciantes de la ciudad italiana afincados en la época de esplendor comercial de la ciudad en dicha zona donde poseían incluso lonja propia para el intercambio comercial, edificio que fue derruido en el Siglo XIX.

Hoy la avenida luce, con menos sombra de lo recomendable para la temperatura norte africana de esta ciudad, inmaculada tras el proceso de peatonalización llevado a inicios de Siglo que la han dotado de una vistosa capacidad de encumbrar los monumentos, edificios y locales que en ella alberga.

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