Tres orejas en El Puerto para una tarde muy justa de raza

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El Puerto. Temporada de Verano. 5ª de abono. Un cuarto de plaza.

Toros de la ganadería de La Palmosilla.

Finito de Córdoba” (luto y azabache): Ovación (tras aviso) y pitos.

Alberto López Simón (marino y oro): Oreja y oreja.

José Garrido (sangre de toro y oro): Vuelta al ruedo (tras aviso) y oreja.

Tarde de levante para ver una corrida justa de presencia, que se dejó hacer pero falta de
motor. José Garrido se desmonteró en el paseíllo. Saludaron en banderillas Javier Perea y José Luis Nieto en el primero y Domingo Siro y Jesús Arruga en el quinto.

Ayer hubo menos público del esperado en El Puerto, en una corrida que nunca terminó de
romper, faltando ese puntito para que la trasmisión cale en el tendido y se dejen oír los olés.

Aun así se cortaron tres orejas, pero está claro que el público viene a este rincón del sur de
manera dicharachera, a divertirse, a pasarlo bien, que hoy en día como está la fiesta ya es
mucho pero el problema de esta poca seriedad es que ofrece dudas a la hora de juzgar si esto da prestigio o no a una plaza tan taurina.

A Finito se le notó con creces que está falto de torear y le cuesta coger el sitio, aun así como dice el refrán: el que tuvo retuvo, y en su primero dejó algún muletazo con ese sabor añejo de su época dorada, que los fotógrafos captarían en instantáneas de cartel de toros, y poco más, con un astado falto de codicia. Dos pinchazos y estocada baja. El cuarto toro desde el inicio fue un cornúpeto que no agradó al diestro, y para eso utilizó al piquero, tres severas puyas se llevó el negro listón, que a la hora muleteril se quedó marmóleo, como si el mismo Michelangelo Buonarroti lo hubiese esculpido allí mismo. Finito le mostraba la franela pero el animal reventado del varilarquero apenas podía moverse. Dos pinchazos y descabello.

Finito de Córdoba / Manu Bernabé

López Simón hizo dos faenas calcadas, con sendos toros calcados, así que se puede resumir de una misma manera la lidia al segundo y quinto de la suelta. Las dos reses fueron saludadas de capa y a ambas le exigió mucho en el último tercio. A López Simón, para su concepto taurino le hace falta un enemigo con más brío, porque el torero crea faenas de muchos muletazos y cuando vacía a su antagonista se pega ese arrimón final que hace subir un punto el baremo del respetable, y siempre acaba descalzado en un ritual místico. Esta vez a los toros le faltaron casta, al primero, brindado al público, lo pasaportó de una estocada tendida. Con el quinto en plena faena de muleta se dio la circunstancia que la banda de música, indefinida taurinamente dejó de tocar, caso raro porque el mismo presidente de la banda dice que él no pude definirse a favor o en contra de la fiesta, entonces, ¿qué juicio lleva ese hombre para iniciar un pasodoble?, algo tendrá que conocer de la tauromaquia, pero bueno cosas de este pueblo. Pinchazo y estocada.

López Simón / Manu Bernabé

El extremeño José Garrido se presentaba en el coso Real aplicando un ramillete de verónicas y chicuelinas al primero de su lote. Brindó al “Mangui”, y desde el inició atacó al burel, pero éste no le correspondió en la liza, con poca raza, la disposición del torero fue lo más destacable de la lidia. Estocada trasera. En el sexto y último vimos al de Badajoz galleando al paso para dejar al toro en la suerte de varas, este ejemplar era más brutote en sus envites y se coló más de una vez, tragando el torero gallardo esas coladas y arrimándose con redaños, faena falta de estética pero valerosa a la par, con otro animal de poca transmisión. Estocada tendida.

José Garrido / Manu Bernabé
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