Muerte súbita y ejercicio físico

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Alfonso Gentil. Médico

El número de personas que hacen ejercicio de manera habitual se ha incrementado de manera importante en los últimos años, siendo las carreras uno de los eventos más populares y en el que se ha observado un aumento mayor en la incidencia de muerte súbita.

Asímismo no es inusual escuchar o leer en los medios de comunicación el fallecimiento súbito de un deportista en relación con la práctica deportiva y a cualquier edad.

En el 2006, tres asociaciones americanas, el American College of Cardiology, la American Heart Association y la Heart Rhythm Society (ACC/AHA/HRS), establecieron una definición de muerte súbita cardiaca para homologar los criterios tanto en la investigación como en la práctica clínica; en este documento la definen como el cese de la actividad eléctrica del corazón, con pérdida del estado de alerta, sin respiración normal ni datos de circulación. Si esta condición no se trata de forma rápida, progresará a la muerte. En el caso específico de la muerte súbita cardiaca (MSC), a pesar de ser un evento de muy poca incidencia, generalmente conlleva consecuencias catastróficas. Las causas más comunes son la enfermedad coronaria, generalmente sin síntomas previos y la miocardiopatía hipertrófica, así como la muy conocida por haber sido noticia deportiva de muy mal recuerdo para los sevillanos en el verano de 2007, la displasia arritmogénica del ventrículo derecho; en pacientes jóvenes, como fue el caso referido, la causa es alguna alteración congénita cardiaca que se puede diagnosticar tras un EKG específico. La rapidez en la que sucede y la casi nula presencia de signos o síntomas previos al evento, hacen que sea una patología con un grado de dificultad elevado tanto en la prevención, el diagnóstico y tratamiento.

Se estima como imprescindible la evaluación minuciosa de la historia clínica y la historia familiar, así como un examen físico que incluya la auscultación de soplos cardiacos en posición erecta y sentado o realizando maniobra de Valsalva, palpación de los pulsos femorales para poder descartar coartación aórtica (cualquier fenotipo de síndrome de Marfan), registro de la presión arterial y un EKG.

Las recomendaciones europeas establecen ciertos criterios electrocardiográficos muy estrictos que cuando están presentes, y en consideración del criterio clínico, recomiendan un estudio más profundo del paciente antes de permitir realizar cualquier tipo de deporte.

Los síntomas previos al episodio son muy variados y a menudo inespecíficos como malestar en el pecho, disnea, palpitaciones o lipotimia. En muchas ocasiones los síntomas son minimizados o bien ignorados por el mismo paciente durante minutos, horas o hasta semanas.

También algunos pacientes tienen factores de riesgo que les confiere un mayor riesgo de presentar MSC, en términos generales, estos son similares a los factores de riesgo para enfermedad coronaria tales como trastorno de lípidos, hipertensión arterial, vida sedentaria, obesidad, diabetes mellitus e historia familiar de enfermedad cardiovascular prematura.El

tabaquismo y la intensidad del mismo también están relacionados a un incremento en el riesgo de muerte súbita cardiaca.

Paradójicamente, el ejercicio intenso, incrementa también el riesgo de muerte súbita cardiaca hasta 30 minutos posteriores a haberlo suspendido, aunque esto es extremadamente infrecuente y más en aquellos pacientes que hacen ejercicio de forma regular.

El manejo de estos pacientes es muy variado dependiendo de la causa subyacente que haya generado el episodio, sin embargo se basa primordialmente en iniciar cuanto antes las maniobras de reanimación o desfibrilación (DEA), para establecer un ritmo cardiaco útil lo antes posible, identificar las causas reversibles, descartar la presencia de enfermedad estructural o alteraciones del ritmo cardiaco, evaluar el estado cognitivo y neurológico de forma oportuna y en algunos casos evaluar a los familiares cercanos.

Un estudio de seguimiento realizado entre los años 1982 y 2009, con más de 600.000 participantes, demostró una incidencia de muerte de 3,4 hombres y 0,6 mujeres, por cada 100.000 participantes, con un incremento del riesgo relativo de hombres contra mujeres de 5,7 para muerte súbita cardiaca.

Aún faltan muchas piezas por encontrar para comprender realmente todos los eventos de muerte súbita cardiaca, sus múltiples causas y factores de riesgo, para poder prevenirlos de forma efectiva. Esperamos que, en un futuro corto con la tecnología, la telemedicina y el mejor entendimiento de los procesos genéticos y moleculares aporten nuevos elementos para prevenir mejor este evento frecuentemente catastrófico de aquellos que presentan un episodio de muerte súbita cardiaca o paro cardiorespiratorio.

Si usted está pensando en realizar ejercicio físico intenso después del verano o es deportista habitual, solicite que se revise su estado cardiovascular.

MEDSCAPE. AGOSTO 2017

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