El Rincón del Jubilado: Salvemos la infancia

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Hace algunas fechas, escribía sobre la juventud, lamentando el grave deterioro en usos y costumbres, que se está produciendo en una sociedad, supuestamente civilizada y progresista, que ha perdido de vista hace tiempo los valores morales y religiosos, que han sustentado durante siglos, a la llamada civilización occidental.

Ahora percibo un deterioro aún más alarmante, porque estamos llegando al tuétano, a la primera raíz de la familia: la infancia.

Me refiero a un suceso reciente, que ha llamado la atención en todos los medios de comunicación y ha puesto en marcha todos los resortes que manejan los institutos de la mujer, opuestos por principio no sólo a la violencia doméstica, sino al género masculino por el hecho de serlo.

Esta obsesión enfermiza, que trae consigo los protocolos de violencia de género, ha iniciado sus acciones de protesta por el vil ataque de un hombre que ha acuchillado casi hasta la muerte, a una muchacha. Apoyando sin reserva alguna la condena a esa cruel y despreciable agresión, pongo el acento en otra cuestión que parece ha pasado desapercibida, o simplemente está asumida como un escalón que nos conduce hacia el abismo de la aberración llamada progresismo, que no es otra cosa que anti-progresismo y aniquilación de la moral.

La muchacha tiene 14 años. Una niña. A esa edad, ha tenido tiempo de mantener una relación de pareja, de deshacerla, de obtener una orden de alejamiento y de ser perseguida por un salvaje individuo que no merece llamarse hombre. ¿Aceptamos como algo normal esta circunstancia? ¿La sociedad no se conmueve ante el hecho de que una niña, con edad de acariciar sus juguetes, haya podido vivir esta escabrosa tragedia?.

Me pregunto qué clase de educación se está impartiendo no ya a los jóvenes, sino a los niños, en nuestros centros educativos, de manera que cualquier muchacho, o muchacha, de edades adolescentes, presentan graves carencias en ciencias y humanidades, pero sus conocimientos sobre el sexo, están a la altura de cualquier adulto profesional en la materia.

Si no mantenemos la inocencia de los niños; si en cualquier instituto, una joven virgen es objeto de mofa y escarnio; si se les enseña que el cuerpo es algo que nos pertenece con el sólo fin de obtener placer; que la familia es algo obsoleto; que cualquier edad es buena para elegir sexo, porque eso es algo que no viene determinado por la naturaleza; que las relaciones íntimas pueden y deben iniciarse cuanto antes mejor, para romper la barrera inútil de la virginidad; que la homosexualidad debe ser probada para decidir opciones futuras; que el aborto es un acto perfectamente plausible, etc. etc. O sea, ideología de género pura y dura, que nos han colado por la puerta trasera, casi sin darnos cuenta, de manera suave pero firme y decidida, haciéndonos creer que somos muy modernos.

Sociedad necia y adormecida, que se siente orgullosa de estos supuestos logros y avances, que, por el contrario, sólo pueden conseguir llevar a la juventud, a la bebida, a la droga, a la desesperación, al sinsentido, y en cuántos casos, al suicidio.

Nadie parece reaccionar, a pesar de que ya se están viendo las consecuencias de un camino nefasto que nos conduce a la autodestrucción. Nuestra civilización muere, porque la estamos matando. Vamos a ser reemplazados, y estamos tan ciegos y torpes que no nos damos cuenta.

El camino de salida y salvación es el inverso, o sea regresar a nuestros principios, esos que nos diferencian de los primates, porque somos algo más que instinto.

¿Podemos hacerlo?. Sin duda que sí. Pero serán irrecuperables todos los que piensen que todo esto son elucubraciones de un anciano rancio.

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