Oselito en Barcelona

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Como el entrañable personaje de Andrés Martínez de León me planté desde el sábado en Barcelona para ver lo que pasaba, y al igual que Oselito cuando fue a Rusia sentí tristeza y desolación. Comprobar que los medios daban una versión parcial e interesada de la situación según al bando que al se pertenecía, la realidad que yo observa era muy distinta. Esta claro que la legalidad apoyaba las tesis del gobierno español, así como la falta de seguridad jurídica de la votación que el Govern proponía, pero la victoria moral final, aunque parezca imposible fue la de aquellos que proponían la separación de Cataluña.

¿Qué paso entre medio? De entrada que Rajoy afirmó algo que no debería haber hecho, que la votación no se llevaría a cabo, y aunque él lo niegue se llevó a cabo. Lo peor que como el General Custer despreció la fuerza de un pueblo que no estaba dispuesto a ello. Los admirables cuerpos de seguridad españoles, Policía Nacional y Guardia Civil, no se merecían que los mandaran al matadero de la forma en que se hizo. Pensar que los Mossos de D’Escuadra le iba a solucionar la difícil situación era del todo imposible. He visto desalojar a nuestra policía algún colegio electoral con la mayor serenidad posible, pero ya era tarde. ¿Qué sentido tenia poner en peligro la dignidad de la policía en general en una operación descabellada, más aún cuando el referéndum era ilegal a todas luces?

Ciertamente la multitud de votantes que llenaban los colegios desde altas horas de la madrugada, en colas que parecía los del besamanos de la Macarena, estaban tranquilos y de hecho no hubo ataque alguno de consideración. La gente ocupó las calles pacíficamente y solo se sobresaltaban con la llegada de las fuerzas del orden, pero sin mayores consecuencias, ordenar las retiradas de las urnas en esos momentos era suicida. Los andaluces no somos nacionalistas, diga quien lo diga, somos de natural universales, los nacionalismos, como decía el propio Marx, siempre han sido reaccionarios y un paso atrás en la evolución natural.

Si la noche tuvo un vencedor claro fue la CUP (Candidatura de Unidad Popular) y más concretamente Anna Gabriel que le sirvió en bandeja a la derecha mas reaccionaria de Cataluña un triunfo que ninguno podría esperar. No se votaba la Independencia, se votaba la dignidad de sentirse catalanes, el orgullo de sentirse diferentes. Con la juventud casi en su totalidad a su favor el resto era esperar que alguien del Estado metiera la pata como así ocurrió.

Ayer fue un día triste y oscuro donde se cercenaron derechos y se demostró que con la ley se va a todos sitios, pero con la fuerza no. Ayer desapareció la Cataluña vanguardista , la culta, la que muchos amamos y lleva camino del precipicio total. Los españoles perdimos una tierra que acogió a miles de andaluces en los años difíciles y un eficaz motor económico. Aunque algunos lo duden empezaron con la prohibición de los toros, pero como algunos no eran aficionados…, como la muerte de Joselito el Gallo anunció lo que se denomina la España moderna. Hoy, ya en el Sur no puedo sino esperar un nuevo camino para tanta desilusión. La brecha, créanme es imposible de recuperar en un tiempo razonable, durará décadas y desgraciadamente nosotros hemos sido testigo de esta locura. Rajoy y Puigdemont pasarán a los anales de la infamia nacional, ellos sabrán el precio que los demás pagamos.

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