Y tú más… Y mi partido es el mejor… XYZ

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Y tú más
Y tú más

Para nuestra desgracia, sería de imbéciles no reconocerlo y admitirlo de ante mano, sabíamos que no habría un antes y un después tras el debate “a dos”.
Hemos asistido atónitos, estas dos últimas semanas, a una batería de noticias presentando el “cara a cara” de la noche del pasado lunes como si de un estreno se tratase. Expertos en imagen supervisaron durante días las corbatas, atentos a que ninguno de los dos lumbreras que habrían de ocupar las pantallas de televisión, saliese al plató con una chaqueta de una talla menos, conscientes de la importancia de la imagen, como muy seriamente han apuntado, por activa y por pasiva, el conglomerado de asesores de imagen entrevistados por los periodistas del telediario, que para eso hemos quedado algunos.
Aproximadamente, la mitad de la emisión de cada uno de los telediarios que se emitieron durante la última semana, sobre todo en La Primera, la Uno de Radio Televisión Española, estuvo destinada a dar detalles sobre los pormenores de la puesta en escena del debate. Sólo la muerte de dos policías españoles, en un atentado en Kabul, que no iba dirigido contra la embajada de España, o sí, logró robar el primer puesto de parrilla a la noticia, el mismo día en que se perpetró el salvaje acto terrorista.
¿Realmente estamos los españoles tan expectantes? Sería una pena y una razón más de peso para repetir una vez más un mantra que resuena en nuestros oídos, no sin experimentar cierta vergüenza: tenemos lo que nos merecemos. La puesta en escena de un debate entre dos candidatos a la presidencia no puede ser noticia en una democracia seria, y conscientes como somos de la importancia de la imagen, nos parece que este tema tendría que haber sido tratado con mucha discreción y elegancia. Sobre todo en un país con más de cuatro millones de parados, donde muchos vieron el debate en un ladito del sofá de la casa de sus padres o suegros, en el mejor de los casos, o no, porque la suya se la quedó un banco rescatado con sus impuestos.
Los parámetros del presente debate tienen un denominador común con los que han venido realizando los líderes de la partitocracia, mientras se alternaban en el poder, durante el período de la España del “café para todos”, y ese común denominador es la falta de transparencia. Ese término que se ha convertido en sinónimo de burla en boca de un demagogo con traje o sin él, que también los hay. A la espera seguimos de un debate con honestidad que devuelva la credibilidad a los políticos y por lo tanto a la Política, en mayúsculas. Un debate donde las propuestas no sean un juego de palabras al que renunciarán en cuanto lleguen al poder, echándole la culpa -viejo invento de Alfonso Guerra repetido hasta la saciedad-, al gobierno anterior.
No hay ningún cambio en las actitudes que indique que esta vez haya sido diferente. Y si ellos hacen lo mismo, es de imbéciles, repetimos, esperar que ocurra algo diferente. No hay resquicio para la esperanza. Hoy sabemos que a lo largo de todas estas legislaturas no hubo pudor ni dignidad a la hora de pactar sobre temas como terrorismo o mecanismos de control reales que impidan la corrupción endémica existente, desde la Jefatura del Estado hasta el último ayuntamiento, temas que no interesaban a los actores en cuestión y de los que ambos tienen que callar, porque a ambos interesa hacerlo. Por no hablar de temas más mundanos. Rajoy prometía en un debate anterior bajar unos impuestos que subió hasta, sin ir más lejos, y por poner un solo ejemplo, duplicar la factura de la luz, que ha dejado estos años sin calefacción a muchos hogares españoles, dado que no se les puede hacer frente con la profusión de contratos basura que se han llevado a cabo en la legislatura. ¡Qué ya es gordo trabajar y que no te dé ni para pagar las facturas! Mientras continuamos asistiendo a un espectáculo bochornoso de puertas giratorias y escándalos que salpican aquí y allá la campaña, como si tal cosa, indicándonos que la caja de manzanas podridas en la que se ha convertido nuestra democracia, no admite la frescura de una manzana sana, como no admite un debate sin preparativos ni paliativos.
Pues eso, que sólo un fallo en maquillaje o en la puesta en escena podría habernos decepcionado. Ni siquiera el último rifirrafe, con amago de cabreo, lo hizo. Y tú más… y más y más mediocridad. Que nos tendríamos que hacer ver eso de tomarnos mínimamente en serio lo de dar un ápice de credibilidad a una pelea entre los máximos responsables de la Gürtel y los eres de Andalucía, discutiendo quién es más de fiar, entre los amigos de Bárcenas y Garzón. Entre los que han apartado a la juez Alaya de su puesto de trabajo, o han retirado a Elpidio Silva de la carrera judicial o han jubilado a la fuerza al juez Castro. Hay que…, pues eso.

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