¡Viva este país!

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Entrar al trapo es una frase tan española como taurina. Y eso estamos haciendo los españoles de “este país”. Porque ya no se llama España, se llama este país. Como una inmensa viñeta de Forges en la que nos hemos convertido, claro lo tuvo ya el genial humorista. Siguiendo con símiles taurinos, están corneando la cultura y las tradiciones para exaltar a las masas y lo consiguen. Cornean una religión que, por mucho que seamos un estado aconfesional, profesan el 80% de la sociedad. Ya sea de pensamiento, palabra, obra e incluso por omisión. Puede que sea por nuestra culpa, por nuestra gran culpa. Al trapo entró el Partido Popular ordenando la retirada de cualquier símbolo o imagen religiosa de los lugares públicos. Cornean la unidad amenazando con desmembraciones independentistas que odian una bandera mientras miles de ciudadanos se lanzan a jurar la misma. Un propósito más sentimental o simbólico que eficaz, porque a nuestra Constitución le están creciendo cuernos. Un país que echa un continuo pulso mientras la palabra “Patria” se desvanece.
La familia y uno más se ha transformado en una menos. Sí, las mujeres ya no estamos dispuestas a luchar por ella sin sueldo, sin paro, calificadas de Marujas, de bobas por cuidar hijos y machistas por adorar a un hombre. Sin “género” de dudas. Los gays reclaman su lugar pasándose ocho pueblos, los mismos que antes se pasaron con ellos. Una España que ya avisó Alfonso Guerra con gran visión de futuro: “El día en que nos vayamos, a España no la va a reconocer ni la madre que la parió”. Y se convirtió en este país irreconocible.
Por ello ya no digo ¡viva España! Ya lo cantó Manolo Escobar en contra de su voluntad. No le gustaba aquel ¡Qué viva España! No puedo defender algo que no me gusta, que se nos ha ido de las manos, que provoca desasosiego. Griten ¡Viva España! ustedes. Porque esta ya no es mi querida España, esta España mía, esta España… vuestra.
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