Sevilla da el cante con el turismo

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Aparte de por redescubrir la Sevilla monumental e histórica y el lógico orgullo de mostrar lo mejor de nuestra ciudad, hacer de guía para amigos y familiares que vienen de lejos a visitarnos sirve para tomar conciencia de la imagen que proyectamos al exterior, de cómo cuidamos el turismo, de cómo se presentan nuestros espacios más emblemáticos y de si la ciudad está en perfecto estado de revista. Y ya nos gustaría desde luego poder decir que Sevilla está a la altura de lo que se espera de ella pero desgraciadamente es una ciudad que aparte de estar sucia, dejada y abandonada está instalada en el tópico, el catetismo, el ganduleo y la mendicidad.

Y me refiero concretamente al cuadro flamenco-tenebrista que ilustra nuestro artículo y que pude ver durante dos días seguidos dando el cante entre la Plaza de España y la Puerta de Jerez, performance musical incluida, sin que hasta la fecha haya podido averiguar si desde el ayuntamiento estas personas cuentan con permiso para realizar esta actividad. Un espectáculo musical lamentable, sin calidad alguna pero plagado de quejíos y taconeos artificiosos para provocar el aplauso fácil y el donativo entregado de unos turistas enfervorizados que se pensarán que así son nuestros trajes típicos, que eso es flamenco y que así se canta y se baila. ¿Quién regula esto, se hace un casting como en el Metro de Madrid y Barcelona para obligar a unos mínimos estándares de calidad? Pero es que alrededor de la histórica plaza había colocadas unas suerte de tenderetes y puestos de venta ambulante de mantones, agua mineral, photocalls también con trajes típicos… y por supuesto las gitanas del romero, ese submundo dentro de la marginalidad que entre la Catedral y la citada Plaza de España hacen negocio abordando a los turistas y lugareños sin el menor decoro, nula educación, escaso aseo personal y poca vergüenza, intimidando y exigiendo limosna por leerles la mano a los incautos que caen en la trampa so pena de recibir una auténtica maldición que arrastrarán hasta el fin de sus días.

¿Dónde están pues el ayuntamiento, la Junta y el Estado controlando cada uno dentro de sus funciones la limpieza, el patrimonio, la seguridad y en general nuestra joya de la corona que es el turismo? ¿Le ha dado a algún asesor, a los concejales o al mismísimo alcalde por hacer lo mismo que servidor y comprobar en primera persona el bochorno que se siente? Difícilmente cuando la tónica general desde hace muchos años en Sevilla es tomar las decisiones en los despacho sin palpar la calle.

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