Sevilla, ciudad de candajotes

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No hay nada mejor que pasear por nuestra querida Híspalis un domingo por la mañana temprano con los ojos bien abiertos para constatar a cada metro el nivel de degradación que ha alcanzado Sevilla. Quizás lo menos dañino sea esa extraña moda de las parejitas de anclar candados a los puentes para declararse amor eterno mientras que él o ella están tonteando por whatsapp con otra persona, síntoma del nivel de egoísmo al que ha llegado parte de esta juventud enferma a la que solo importa el yo, el aquí y el ahora aunque con su promesa de quererse para toda la vida afeen una de las vistas más hermosas que nos ofrece nuestra ciudad.

Decíamos que hay cosas peores con las que nos hemos topado que evidencian el nivel de carajotismo, de incultura, de zafiedad y de falta de urbanidad que inunda Sevilla: restos de infinitas botellonas, cristales rotos en mitad de la calle, vasos de plástico sobre fuentes históricas que han sido prostituidas como improvisadas barras de bar, restos de vómitos, grafitties afeando aún más la recién estrenada -y horrenda, por qué no decirlo- remodelación del Paseo de Colón y sus bajos. Y hablando de bajos: preservativos usados en lugares cada vez menos recónditos, lo que da idea del nivel de respeto que tienen algunos por sus semejantes y de cómo hay que comportarse en la vía pública. Sevilla de niñatos, de pijos, de canis, de motos empepinadas, de BMW conducidos por chavales de 18 años… Sevilla de piercings ombligueros y de mallas apretaítas, de chándals blancos y camisetas de tirantas, Sevilla de bolsos de Bimba y Lola y pulseras de Tous, de Scalpers y camisas de Spagnolo… Sevilla vociferante, ordinaria y degenerada por ese mal transversal del alcohol y de la falta de valores que no entiende de barrios ni de posición social. Sevilla descuidada por culpa de un Ayuntamiento permisivo y pasota que mira para otro lado para no incomodar a ese importante caladero de votos. Juventud reventada a la que le hace falta una buena mili de tres años sin móvil, sin ducharse, levantándose a las 6 de la mañana y mordiendo el polvo en el Sáhara. Servicio militar por supuesto que incluya al sexo femenino, claro que sí. ¿Acaso no es ya un deber y una necesidad la igualdad de género? Pues eso.

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