Secesionistas

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La súbita irrupción de Podemos en la escena política española, cuya única explicación razonable es una inyección millonaria de dinero robado a los venezolanos destinado a montar a toda prisa un partido político de corte bolivariano, es decir, radical, antisistema, en suma populista, sin duda ha conmocionado el bipartidismo que tradicionalmente venía alternándose en el gobierno desde el inicio de nuestra actual democracia.

Lo que está sucediendo en Cataluña no es más que un retrato de lo que esta casta de ocupas es capaz de organizar: un desafío al Estado de Derecho, una apropiación de las Instituciones políticas, educativas…, una toma de la calle, una imposición de sus proclamas sectarias a base de frases hechas y de corte mental fronterizo como «Estado opresor, fuerzas de ocupación…bla, bla, bla…».

En realidad asistimos a una voladura de los cimientos de nuestra democracia, pues una panda de políticos dirigentes de Cataluña bien han asumido o se han doblegado a las tesis podemitas de tantos ocupas como integran estas hordas, bien se han lanzado a lo loco a una aventura incierta por la rapidez en la toma de decisiones trascendentales para todos los ciudadanos y por la manera ridícula de ponerlas en práctica.

Que una parte de la población catalana, marginal se entiende, se apodere de las calles e imponga por la vía de la fuerza al resto de los ciudadanos la secesión de esta Comunidad Autónoma, tal barbaridad debe ser frenada con todo aquello que esté en manos del Estado de Derecho.

La ruptura del mapa autonómico puede hacerse en la Cortes Generales vía iniciativa parlamentaria a propuesta del Gobierno o de un grupo político, nunca desde la imposición de ciudadanos antisistema ahora reunidos y organizados con capacidad de generar desórdenes públicos de suma gravedad, complicados de controlar y costosos.

Cuantos dirigentes políticos de organizaciones extremistas inciten a la algarada callejera deben asumir el coste de los daños ocasionados al mobiliario urbano, las dietas de las fuerzas de seguridad necesarias para frenar las acometidas de tanto descamisado, así como los daños a los vehículos policiales, y enfrentarse a su inhabilitación política y responsabilidades penales asociadas.

Lo que aquí se juega, señores y señoras, es la autoridad del Estado frente a individuos e individuas cuyas armas son el odio, el fanatismo y, sobre todo, el arrojo que provoca una reprogramación cerebral antiespañola llevada a cabo durante toda la escolarización hasta convertir a miles y miles de niños en jóvenes antiespañoles.

En una Europa que camina hacia la unión de sus naciones, sólo cabe entender la aparición de un secesionismo salvaje en un rincón de España desde motivaciones antidemocráticas y antisistema, que demandan a gritos una respuesta directa y rápida sin ningún tipo de contemplaciones o complejos.

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