Se viene educado de casa

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Pues qué quieren que les diga. A mí no me extraña nada. Pero nada de nada. Porque lo que ocurre en nuestras calles es fiel reflejo de lo que llega a nuestras aulas. Y por tanto, de lo que hay en nuestros hogares. Y eso es, en gran medida, desalentador.

Porque hemos pretendido que muchas de las actitudes que antes se enseñaban en casa ahora sean cosa de la escuela. Y perdonen que les diga, pero no. En la escuela nos pueden enseñar a sumar y restar, dónde está Burgos o quién era Cervantes. Pueden hacernos sentir la música de Chopin o distinguir un cuadro de Chagall. A reparar ordenadores, a poner a punto un coche, a cocinar como un tres estrellas…Pero hay cosas que hay que traer aprendidas de casa. Y ahí es donde esta generación que hoy dirige nuestro país está fallando.

Sobre todo con el ejemplo. Es muy difícil inculcarle a un niño qué es la tolerancia cuando miramos a los demás por encima del hombro porque nos parecen diferentes. O explicarles qué es el respeto si nos oyen gritarle improperios a un árbitro por algo que debería de ser lúdico y festivo. Si ven a diario en la tele cómo se ensalza a personajes cuyo mayor mérito es haber pasado por la cama de un famosillo, o cómo quienes tendrían que administrar lo que es de todos se llenan los bolsillos con malas artes.

Y luego está ese complejo: el de no negar nada a los hijos, no vayan a pensar que somos incapaces de satisfacer todos sus caprichos. Porque a veces sustituimos la atención y la dedicación por cosas. Y esas cosas se convierten en rehenes de los momentos no compartidos. Podemos aducir falta de tiempo, obligaciones laborales…pero la mejor excusa es la comodidad. Educar cansa mucho. Requiere de un sacrificio continuado, de broncas, de disgustos, de decidir y negar. Y no todo el mundo está dispuesto a ello. Que lo hagan sus profesores, que para eso cobran.

También hay que decir que el sistema no ayuda. Que no se premia el esfuerzo, ni el sacrificio, ni los mejores ven reconocido su trabajo. ¿para qué matarme estudiando si mi compañero pasa de curso igual que yo aunque tenga tres suspensos? ¿por qué esforzarme en conseguir un trabajo si me pagan lo mismo estando en mi casa tirado? Recuerdo cuando la renovación de mi beca dependía de sacar buenos resultados. Qué injusticia, ¿verdad?

Pues súmenle a eso la fragmentación en dos de nuestra sociedad. Porque nunca desde la Guerra Civil se ve una España tan enfrentada. O estás a favor o en contra. De todo. Y la crispación se palpa en la calle. No es suficiente con respetar, hay que militar. Y su verdad es la única verdad. Porque a algunos no les basta con que les toleres, tienes que adherirte a sus postulados, o serás el enemigo. Y así andamos. Boicoteando todo lo que no es azul o rojo o morado.

Así que ése es el cóctel que se prepara. Pocos valores, una tolerancia mal entendida, ninguna repercusión de los propios actos y partidismo en todas las acciones. Mejor que dejemos de echar balones fuera y empecemos a asumir que todos tenemos una parte de culpa de esta sociedad que estamos construyendo. O destruyendo. Ya veremos.

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