Ruta de la Seda versus TIIP o la extensión económica del caos

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TIIP
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“Nada es lo que parece”. Hemos escuchado a analistas de inteligencia y prospectiva y a maestros de tradiciones iniciáticas este mismo mantra en incontables ocasiones. Las suficientes para estar prevenidos.

Hace unos meses el gobierno chino publicaba el plan de acción oficial de su nueva Ruta de la Seda: “Cartografía de un proyecto”. Aprovechando la buena nueva, los analistas Mario Esteban y Miguel Otero detallaban las líneas maestras de los exorbitantes planes del gigante asiático, en un artículo publicado en la Página del Real Instituto El Cano. El camarada Xi Jinping asegura que quiere un proyecto inclusivo, donde tienen cabida todo tipo de regímenes políticos, así como actores públicos y privados, basado únicamente en una lógica de mercado. Como Obama cuando vende sus TIIP, el presidente chino asegura que lo único que pretende es intensificar los vínculos comerciales entre actores a través de la creación de áreas de libre comercio y la eliminación de barreras arancelarias y agilización de procesos administrativos. Otro “buen hombre” que viene a salvarnos de nuestras legislaciones en materia laboral y otras milongas que son un coñazo… complejos soberanistas.

China-vs-Estados-Unidos-620x348-620x264Por encima, encima, el proyecto tiene dos vertientes, una terrestre y otra marítima. La terrestre pone el énfasis en el sector ferroviario, intensifica los intercambios entre china, Asia Central y la UE (a través de Rusia, Bielorusia, Irán o Turquía) y entre China y la Península de Indochina, lo que uniría los dos extremos de Eurasia, complementado con otros corredores de norte a sur: China, (Xinjiang)-Pakistán y China (Yunnan)-Myanmar-Bangladesh-India. En Europa llega a Polonia y Alemania, además de la línea experimental Madrid-Yiwu. Se trabaja en un proyecto de más de 200.000 millones de euros para unir Pekín y Moscú, y se apunta la posibilidad de construir una línea de alta velocidad que conecte la capital china con Londres, pasando por Turquía. En su dimensión marítima, se mantiene la ruta actual, que va desde los puertos chinos hasta Europa, pasando por el Pacífico Occidental y el Océano Índico antes de llegar al Mar Mediterráneo, y se describen otras rutas, aún por abrir, que evitarían el estrecho de Malaca, el cuello de botella por excelencia del gigante asiático, saliendo desde puertos en el Índico. Para ello, la nueva potencia asiática acompaña el megaproyecto con la creación del Banco Asiático de Inversión en Infraestructuras, muy resumidamente, varios bancos y compañías chinas, dotados por reservas y divisas propias, por un monto aproximado de unos 40.000 millones de dólares. El resto, hasta los 21 billones de dólares, que se estima, según expertos, la cuantía requerida para el proyecto, se recaudará a través de los países en los que está previsto llevar a cabo las infraestructuras, -países pobres que carecen de ellas-, ayudándose de capital privado, situados en las rutas comerciales del petróleo desde África y Oriente Medio. Esto, además de estrechar los lazos con países de Asia Central y del Sudeste Asiático, que resultan clave para China, y suponen otro cuello de botella.

Esteban y Otero insisten en dar por más o menos buena la intención de Xi Jinping: nada de  lógica de bloques o guerra fría. Sin embargo, siempre con ánimo de contrastar, hemos consultado a William Engdahl, analista, norteamericano, que explicaba, ya hace unos años, el “giro estratégico”, iniciado en 2011 por la Administración Obama, la nueva estrategia de Defensa del Pentágono, para la Región Asia Pacífico, y hemos llegado a la conclusión de que los “hunos y los hotros” se encuentran enzarzados en una guerra tan fría como la que más, por el control de las rutas comerciales del petróleo y el gas y por el control de Eurasia. Y así lo indican los conflictos y guerras de los últimos años, diseminadas por el gran tablero de ajedrez de la geopolítica mundial, y dirigidas desde las antesalas de algún que otro departamento de Defensa y seguramente algún que otro consejo de dirección. Lo que está claro es que las pistas que han ido dejando, lejos de la demagogia de las declaraciones buenistas y a años luz de nobles intenciones, son sobradamente sangrientas y tristemente conocidas.

El padre de la geopolítica británica, Sir Halford Mackinder, acuñaba el término, “giro estratégico”, con el que alertaba sobre las “potencias pivote”: China y Rusia, dado que su posición geográfica y geopolítica, implicaban, aseguraba, retos extraordinarios para los anglosajones y, después de 1945 para la hegemonía estadounidense. La que hoy le disputa China.

La “Doctrina Obama” da el pistoletazo de salida. El flamante galardonado con el premio Nobel de la Paz, aumenta hasta límites exorbitantes su presupuesto en Defensa. Comienza las campañas de Afganistán e Iraq. Por esas mismas fechas, 2011, comienza sus viajes a la región Asia-Pacífico, en Australia, donde aumenta sus bases y sus contingentes militares, y avisa a los australianos: “He instruido a mi equipo de seguridad nacional para hacer de nuestra presencia y misión en la región una prioridad de alto nivel […] asignaremos los recursos necesarios […]  Conservaremos nuestra capacidad extraordinaria para proyectar poder y disuadir amenazas a la paz”. Es la misma paz que defiende la líder de Erudición en el más que alegórico film titulado “Divergentes”. En 2012 Phillip Hammonk, Secretario de Estado para la Defensa del Reino Unido comenta como si tal cosa: “Las potencias europeas de la OTAN deben darle la bienvenida al hecho de que EEUU desea embarcarse en este nuevo reto estratégico en representación de la alianza”. Faltaría más…

Se pone en marcha el principal eje de la “Doctrina Obama”, la “Batalla Aire-Mar, mediante la cual el Pentágono despliega su presencia naval junto a tropas australianas en Japón, Taiwán, Vietnam y en todo el Mar del Sur de China y el Océano Índico. Dice que pretende “proteger la libertad de navegación”, pero en realidad su objetivo es blindar el principal cuello de botella de China, el mismo que China, ya lo hemos visto, pretende esquivar con su nueva Ruta de la Seda, el estrecho de Malaca, y cortar así las rutas petroleras estratégicas de China, “en caso de un conflicto total”. Estos yanquis no piensan en nada bueno. El arquitecto es Andrew Marshall, estratega de la “guerra avanzada” del Pentágono durante 40 años. La “Batalla Aire-Mar”, es una copia exacta de la del mariscal ruso Nikolai Ogarkov, jefe de los generales soviéticos, a la que denominó: “Revolución en Asuntos Militares”. Marshall es el “maestro” de Dick Cheney y Donald Rumsfeld. Convenció a este último y a su sucesor, Robert Gates para desplegar el Escudo de “defensa” antimisiles en Polonia, la República Checa, Turquía y Japón. Fue además quien, en 2005, enviase a Rumsfeld un informe clasificado titulado: “Futuros de la energía en Asia”. El informe “filtrado” en su totalidad a un periódico de Washington, llamaba la atención sobre los vínculos diplomáticos que la nueva potencia asiática estaba estableciendo desde el Medio Oriente hasta el sur de China, incluida la base paquistaní de Gwadar, desde donde monitoreaba todo el tráfico de embarcaciones a través del estrecho de Ormuz y el Mar Arábigo. China se pone en marcha para acabar con otro de los cuellos de botella que le impiden la expansión hacía la hegemonía: sus malas relaciones con sus vecinos al tiempo que la dependencia de ellos. Bangladesh, Birmania -con el estrecho de Malaca por donde pasa el 80% del petróleo importado de China-, Camboya, el Mar del Sur de China, Tailandia… Así las cosas, con acciones de contra-inteligencia como la “Revolución del Azafrán” y creando climas de desestabilización en lugares donde es francamente fácil, la CIA comienza la campaña “Romper el collar de perlas”. Hace hincapié en la India, llega a Japón y Filipinas. Y continúa con sus operaciones de contrainsurgencia, con las “Primaveras árabes”, que ya sabemos dónde han llegado… por extensión, a los atentados de Madrid, París o Bruselas. La estrategia del caos tiene su precio… o quizá sólo forma parte de esa estrategia. ¿A quién le interesa una Europa fuerte e independiente?

Probablemente, las aspiraciones democráticas de los ciudadanos árabes de Túnez, Libia, Egipto, Iráq o Siria fueron auténticas. Sin embargo, éstos fueron utilizados como carne de cañón involuntaria para abrir una nueva página del plan de Andrew Marshall, que con 91 años seguía en la antesala del Pentágono: el caos. El premio geopolítico por importancia es Eurasia, la superioridad mundial depende de ello. EEUU y China lo saben. Eurasia representa el 60% del PIB mundial y aproximadamente tres cuartas partes de los recursos energéticos mundiales.

La estrategia del caos continúa, y de la misma forma que los bienintencionados ciudadanos árabes fueron carne de cañón, los estados miembros, los ciudadanos, los europeos, llevamos camino de representar la misma obra de teatro. Llámale TIIP, llámale Ruta de la Seda. Si no imponemos otros criterios de valores económicos, democráticos…, alejados de la lógica capitalista del crecimiento ilimitado, suponiendo que aún estemos a tiempo, puede que como en “Divergentes”, nos dejen vivir dentro de la facción de los consumidores, o nos toque la de los esclavos. Con mucha suerte, usted podrá pertenecer a la de los consumidores, si su test no delata un adn de Rebeldía. Entonces será perseguido y expulsado… tras los confines de la lógica de bloques.

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2 Comentarios

  1. Quien ha escrito este artículo no sabe lo que es el TTIP o no sabe lo que es la Nueva Ruta de la Seda o no sabe ninguna de las dos cosas.
    Hacer un ejercicio de “equidistancia” entre los dos fenómenos es un error por ignorancia o una postura ideológica de falsa neutralidad (y más falsa soberanía) que solo puede ir en auxilio del más poderoso, es decir, del proyecto estadounidense. Se sea consciente o no, el artículo acaba sosteniendo una postura políticamente reaccionaria.
    Y es que a pesar del lenguaje utilizado, y los cortas y pegas, la Geopolítica es una ciencia que tiene sus leyes y hay que saber aplicar. Y cuando no es así, sale lo que sale.
    Decepcionante.

  2. Querido lector, en primer lugar gracias por leer el artículo. Es indudable que quien ha escrito el artículo, una servidora, mantiene una opinión diferente a la suya. Eso es todo. Todas las disciplinas hay que saber aplicarlas, por ejemplo, el periodista aporta una visión de un territorio, sabiendo que sólo es un mapa representativo. No es la verdad, ni se pretende. Como no es el fin decirle a los lectores lo que tienen que pensar. Eso sería, bajo mi humilde opinión, insultar la inteligencia de quien tiene la amabilidad de dedicarte unos minutos de su tiempo. Y el tiempo es oro.

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