Réquiem por El Cortes Inglés español

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Siempre atenta al sentir popular, si tuviese que elegir un refrán que expresase el desencanto de los que todavía vamos a desayunar a los bares, unido a la realidad política, social y cultural que se respira en el ambiente, y que dio su pistoletazo de salida en 1978, no tendría duda: “Pan para hoy y hambre para mañana”.
Es mucho lo que está perdiendo esta España a la lid de unos gobernantes públicos enarbolando banderas ultra liberales, flirteando con el capitalismo más deshumanizado y la usura financiera. Los españoles vemos como nuestra industria desaparece bajo las manos de las grandes fortunas y asistimos pasivos a la venta de los mejores valores de su Marca España y la “cosa nostra”, al mejor postor. Hace poco nos enterábamos de que El Corte Inglés, esa casa que supo erigirse en símbolo de la prosperidad española, y hasta sentirse en el adn de los españoles, es un 10 por ciento menos española.
¿Y quién es el nuevo dueño de El Corte Inglés? No se lo van a creer… o sí.
El multimillonario jeque Hamad Bin Jassim Bin Jaber Al Thani ha comprado ese 10 por ciento, por 1.000 millones de euros. Lo que no sé si es mucho o poco, porque eso depende de cuánto necesite uno para llevar una vida digna y dichosa.
El nuevo copropietario de la empresa española es el ex primer ministro de Qatar, un árabe que se ha repartido el poder, la gloria y los petrodólares con su primo, el emir de Qatar, jeque Hamad bin Jalifa al Thani, tras apoyarle firmemente en su ascenso a Jefe del Estado, a pesar de traicionar a su propio padre.
Decir, a modo de repulsa y que cada uno saque sus propias conclusiones, que las relaciones entre la familia al Thani y Don Juan Carlos de Borbón son sobradamente conocidas, dado el trasiego de fastuosos regalos y sus respectivas fotos publicadas en prensa de todo tipo, sobre todo “rosa”. Sin embargo, la cosa llegó a mayores cuando, además, según publicaba Europa Press, Hamad Bin Jassim Bin Jaber Al Thani se convertía en el cariñoso y excepcional anfitrión árabe que recibía a su llegada a nuestro ex rey Don Juan Carlos de Borbón, y con quien mantenía reuniones extraoficiales en las mismas instalaciones del aeropuerto del emirato, antes de reunirse con el primo y emir de Qatar, oficialmente.
Corrían tiempos difíciles para la Casa Real española y fue Hamad Bin Jassim Bin Jaber Al Thani el hombre que declaró mostrarse “encantado de recibir a la familia Urdangarín – Borbón […] si el Estado Español no tenía inconveniente”. Pero había inconveniente, don Iñaqui y doña Cristina, Duques de Palma, estaban imputados por la Fiscalía Anticorrupción por malversación, fraude, prevaricación, falsedad y blanqueo de capitales. A pesar de lo cual, el monarca español llevó a cabo conversaciones telefónicas con nuestro árabe durante días seguidos, justo cuando se intentaba cerrar un contrato para su yerno, como asistente de Valero Rivero, que por aquel entonces tenía una oferta para entrenar a la selección qatarí, tras terminar su contrato como técnico de la Selección Española de Balonmano. Y aunque en declaraciones a Europa Press el embajador español en Qatar aseguraba no saber si se había tratado el tema en cuestión en las conversaciones telefónicas, la prensa española, La Vanguardia, El Mundo… lo dio por hecho.
El nuevo dueño del 10 por ciento de El Corte Inglés es un alto funcionario de un Estado, el qatarí, que condena con años de cárcel el adulterio femenino –el masculino sólo si se da entre homosexuales-, gobierna aplicando la sahria -ley islámica-, y cuya única religión estatal es la islámica en su rama fundamentalista wahabí, con todo lo que ello supone, en este caso, para el pueblo llano. Y sin embargo, en definitiva, es un árabe que no está cuestionado así como otros árabes, calificados de dictadores y objetos susceptibles de ser sustituidos o invadidos por el Occidente guardián de los Derechos Humanos.
Y todo indica que una de las razones de peso para que la familia al – Thani cuente con un cheque en blanco en materia de DDHH es su amistad con hombres como Don Juan Carlos de Borbón, o el aprecio que hacia la misma se desprende del presidente de los EEUU –idilio surgido a cambio de una base militar en la zona, según las malas lenguas-. Lo que le priva de etiquetas que a otros adornan sin que medie un rasero único para medir, como sería lo aconsejable. Y le permite ciertas licencias. Bueno y por los petrodólares, el dios ateo del liberalismo musulmán.
¿Se imaginan qué pensará de la inversión del qatarí en España, Teodoro Obian Nguema, que a pesar de llegar el hombre proponiendo inversiones a troche y moche, nadie quiso hacerse una foto con él? Y es que también existen dictadores incomprendidos.
Al final de los finales, el 10 por ciento de El Corte Inglés es propiedad del hombre fuerte de un Estado donde, como dice Ángeles Espinosa, muy educadamente ella, en El País: “no están claros los límites entre las cuentas públicas y las de la familia gobernante”, donde están restringidos prácticamente todos los derechos civiles, donde la libertad de expresión se sigue a través de un sinfín de periódicos -todos propiedad de la familia real al-Thani; para que luego digan de Fidel Castro-, donde conviven presos políticos con torturas, -como ha denunciado en uno de sus últimos informes Amnistía Internacional-, por no hablar de la financiación de mercenarios siembra caos organizado en la zona.
Ellos continúan enriqueciéndose sin importar donde ni como, mientras nosotros, los españoles, haciendo poca patria y menos empresa común, asolados por el paro, la corrupción, los salarios precarios, la mala gestión y la cada vez más profunda tristeza, somos más y más pobres, hasta de espíritu.
Sépase al menos, y “quien avisa no es traidor”, que la práctica del “pan para hoy y hambre para mañana”, por parte de nuestra clase política, eufemismo de “casta”, nos traerá muchos problemas. Eso si Dios y unos políticos decentes, elegidos por un pueblo con mayor conciencia combativa y autocrítica, no lo remedian.
Que así sea. Y mientras tanto, adiós a El Corte Inglés cien por cien español. Fue bonito mientras duró.

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