Recordando los años de plomo

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Mientras conduzco en dirección a Sevilla voy escuchando Herrera en Cope. Soy fan incondicional de don Carloherrera y de toda su tribu desde que era joven (me refiero a él, porque yo lo sigo siendo). Ellos me acompañan; consiguen que los kilómetros sean mucho más amenos. Los profesionales de la radio no imaginan la compañía que nos hacen.

Estos días en antena han estado recordando el 20 aniversario del asesinato de Miguel Ángel Blanco. Nos han hecho revivir momentos, nos han hecho llegar testimonios…

Viví el secuestro y asesinato de Miguel Ángel con profundo dolor. El mismo que me causaba cada uno de los crímenes que ETA cometía desde que era una niña y que se habían convertido en una tónica habitual. Porque ETA llevaba muchos años matando a miembros de los Cuerpos de Seguridad del Estado y dejando huérfanos a niños que, como yo, tenían la desgracia de tener un padre destinado a ser diana de esa panda de asesinos.

Recuerdo con horror cómo el Telediario contaba una y otra vez un nuevo atentando. Recuerdo las imágenes de policías y guardias civiles asesinados. Recuerdo al hijo de puta de Idígoras dando ruedas de prensa donde enaltecía a sus compañeros terroristas. Recuerdo a Arzallus y su querido PNV: era un mismo perro con distinto collar. Recuerdo a esos malnacidos que en el País Vasco daban cobertura a los criminales.

No, no olvido que ETA resistió gracias a ellos, a separatistas vascos que les daban cobijo y apoyaban, cosa que no ocurría en el resto de España donde comandos como el Andalucía fueron desarticulados gracias a la colaboración ciudadana. Así sucedió, por ejemplo, en el asesinato de Cariñanos, tras el que fue posible capturar en horas a los etarras porque en Sevilla no damos cobijo a asesinos.

¿Les parece fuerte lo que digo? Pues miren: fuerte era cómo nos trataban a los familiares de policías y guardias civiles en muchas zonas del País Vasco, donde se nos señalaba, estigmatizaba y maltrataba sin piedad. En esos años de plomo, cuando nuestros padres promocionaban y esperaban destino, era como si los viésemos jugar a la ruleta rusa: si les tocaba “el norte”, estaban jodidos o muertos.

Para mí todos las víctimas de ETA son iguales, pero, sin duda, el asesinato de Miguel Ángel Blanco supuso un antes y un después. Nunca antes hubo manifestaciones, condenas masivas, pancartas o manos blancas. Sin embargo, eran nuestros muertos y también necesitábamos el apoyo de la sociedad. En especial de la vasca.

Es obvio que tras Miguel Ángel hubo cambios; pero no nos engañemos, ETA no mata porque no tiene medios, no por otra cosa. Esos malnacidos siguen existiendo y cuentan aún con el apoyo de muchos hijos de puta que en estos días se han retratado al no querer sumarse a los actos de homenaje a Miguel Ángel, exhibiendo así su ignominia. Siento un profundo asco por esos batasunos, kichis, carmenas y bastardos de diverso pelaje. Basura que, por cierto, cuenta con el apoyo de cinco millones de votantes.

Eso es para hacérselo mirar.

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2 Comentarios

  1. Esa tierra está muy enferma y los totalitarios siguen con su represión, no hay libertad. También han conseguido que se vayan de allí muchos vascos.

  2. Más claro: blanco y en botella.
    Sí, leche, la mala leche de etarras, proetarras y macarras morados que callan para cobrar un inmerecido sueldo que pagamos todos.El que calla cobra, ese es el adagio de unos tiempos de sombras.

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