El Prado en el Museo de Bellas Artes de Sevilla

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El otro día vi un vídeo en internet donde personas sordas oían por primera vez: un bebé escuchaba los amorosos mimos de su madre o jóvenes podían oír las risas de sus compañeros y amigos. Intuyo que todo el que vea el vídeo tiene que llorar de emoción; es algo imposible de controlar; es tremendo en todos los sentidos. Puede que los que no tenemos ningún problema de audición no lleguemos a comprender cómo puede cambiar la vida, pero sus reacciones nos acercan mucho.

En el museo de Bellas Artes de Sevilla, desde el 12 de septiembre podemos contemplar y tocar una nueva exposición temporal, organizada por el Museo del Prado y la Junta de Andalucía, Hoy toca el Prado. Está claro que no lo mismo pero para un invidente, tener la posibilidad de tocar los cuadros debe ser algo parecido a, para un sordo, poder oír.

Para los que conocemos de sobra los cuadros expuestos puede que pierda un poco el interés, pues aunque cerremos los ojos o nos pongamos las gafas opacas que para tal efecto hay disponibles, siempre nos queda en la retina la imagen que ya tenemos del lienzo.

Pero te pones frente a ellos, con los dedos como ojos, tocando, dejando que las yemas se deslicen por el cuadro, que capten cada resalte, cada relieve. Distingues la rugosidad del pelo o la barba, la suavidad de las caras, la aspereza de las montañas… todo en tus dedos.

Y si, además de cerrar los ojos, conectas la audioguía y escuchas el recorrido táctil, te dejas atrapar por todos los detalles que te describen, a la vez que los descubres con la punta de tus dedos, y que, seguramente si no te los dijesen, no los captarías. Y, poco a poco, te metes en el cuadro y parece que solo existís el lienzo y tú. Y disfrutas. Y es una gozada.

Esta audioguía, además de describirte el cuadro, te hace una introducción al pintor y a la época y a la historia del lienzo. Es su confección ha trabajado un extenso equipo multidisciplinar, experto sobre todo en audiodescripciones. Además, la exposición cuenta con cartelas y explicaciones en braille, todo pensado para hacer más accesible la exposición a personas con discapacidad visual.

Y quién sabe, tal vez sea la única oportunidad que tengan de tocar un cuadro; así que no la dejen pasar. Vayan al museo, tienen hasta el 26 de noviembre, y lleven a los niños, que seguro que disfrutan de la experiencia. Son reproducciones en relieve de seis cuadros del Museo del Prado: La Gioconda del taller de Da Vinci; El Caballero de la Mano en el pecho, de El Greco; Noli me tangere de Corregio; La Fragua de Vulcano de Velázquez; un Bodegón de Van der Hamen; y El Quitasol de Goya. A estos, como guiño especial por ser el Museo de Bellas Artes, se les une las Santas Justa y Rufina que pintura Murillo para los Capuchinos y que se puede ver en é, en la sala V.

Y, ahora que ya hay horario de tarde, no lo duden, pasense por el Museo, visiten la exposición temporal pero no dejen de ver la exposición permanente, que nunca deja indiferente a nadie.

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