Las “violencias de género” y las ocurrencias de la Junta

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“La Junta de Andalucía regalará la matrícula universitaria a las mujeres que denuncien a un hombre por violencia de género”. Este es uno de tantos titulares publicados en estos últimos días en prensa. Y no en vano, uno de los que ha recibido más quejas de los lectores, a través del foro del medio correspondiente. Los españoles están hartitos de recibir insultos a la inteligencia desde tan diversos frentes. Y es que no es lo mismo decir, la Junta de Andalucía regalará la matrícula universitaria a las mujeres que denuncien a un hombre por violencia de género; que, la Junta de Andalucía aprobó este pasado martes, que las mujeres víctimas de violencia de género, puedan tener acceso gratuito a las universidades públicas andaluzas. Hasta aquí, de acuerdo.

Sin embargo, lejos de denunciar el partidismo de las editoriales, o agasajar las medidas de la Junta, consejero incluido, nos gustaría aportar otros puntos de vista que consideramos de sentido común sobre la medida en cuestión. Porque, se mire como se mire, con titular o sin titular, la conversión de la “violencia de género” en ideología, está lejos de solucionar los problemas de violencia contra las mujeres y además está creando situaciones de profunda injusticia frente a los hombres. Cuando no, una guerra de sexos. Lo que a todas luces nos situaría en el lado opuesto del objetivo que se pretende alcanzar, en buena lid.

Pensamos que, principalmente, las mujeres víctimas de violencia de género necesitan protección de la Justicia y trabajo para poder salir adelante, generalmente, ellas y sus hijos. Justicia y trabajo, imprescindible. Una proyección de futuro. Medidas concretas, una batería de medidas racionales, en vez de tanta demagogia barata y tanta política torticera. Ejemplo, guarderías, comedores, actividades extraescolares subvencionadas y, apoyo moral y psicológico, necesario, para que las mujeres salgan de las profundidades infernales en las que viven cuando se encuentran sumidas en esas situaciones de desprecio, sometidas por la fuerza bruta por parte del progenitor de sus hijos, o de la persona que teóricamente debería respetarlas y apoyarlas por encima de todo. Porque quien no puede defender su integridad física y moral, se sabe débil, se siente nada. O literalmente una mierda. Porque desde el eterno femenino esa es la peor de las traiciones.

Y ante este panorama el consejero de Economía y Conocimiento de la Junta, Antonio Ramírez, les ofrece una carrera, “una oportunidad al talento”. Pues ¡qué bien!, ¡yuju!… ya somos todos felices, no sabe el peso que nos quita de encima. No damos crédito… populismo forever. La propuesta tiene mucho de papel mojado, de gratuita, y muy poco de un estudio contrastado sobre las particularidades de ese colectivo de mujeres, de sus necesidades y su verdadera problemática.

Como ya adelantábamos, la política diseñada bajo el epígrafe “violencia de género”, no está siendo efectiva con las mujeres, hay numerosos estudios que indican, incluso, que este tipo de violencia, falta de respeto e incapacidad por parte de hombres y mujeres para saber dónde están los límites, comienza a extenderse en parejas más jóvenes, mientras perdemos el tiempo en propuestas vagas, sin poner el punto de mira en el verdadero problema, un tremendo fracaso en la educación y la necesidad de inculcar, con todos los medios a nuestro alcance, valores universales, con los que nuestros políticos, políticamente correctos, se llenan la boca, haciendo gala a ese refrán que dice, “dime de qué presumes y te diré de qué careces”.

Más cosas, la ley diseñada para solventar esta problemática también es contraproducente. Y entendemos que los efectos responden a una causa muy clara, la discriminación nunca puede ser positiva. La “discriminación positiva” no es más que un eufemismo, tan al gusto de nuestra casta, de abuso y por lo tanto de injusticia. Además de una propuesta electoral partidista en su momento, directamente dirigida a hacer acopio del voto de las mujeres. Qué todo hay que decirlo. Desde que la ley de violencia de género entró en vigor, en diciembre de 2004, han sido detenidos y procesados más de 1.500.000 hombres, de los cuales han sido condenados alrededor de 200.000. Luego es incierto que tal y como ha anunciado el Gobierno, en repetidas ocasiones, las denuncias falsas sean anecdóticas o insignificantes. Luego en atención a estos hechos, sí puede convertirse en un problema que las denuncias den acceso gratuito a la universidad. Pero además, si como la consejera de Igualdad y Políticas Sociales, María José Sánchez, indica, y esta sería una razón de peso, “la situación económica en la que quedan muchas de ellas en muchísimos casos es terrible”, existen otras mujeres que quedan en esa misma situación de desamparo económico tras separarse, quedar viudas o simplemente ser solteras, haciéndose cargo del cuidado y educación de sus hijos, sin tiempo más que para trabajos precarios. Creemos que el consejero debería tener a bien ampliar el espectro de matrículas gratuitas a este colectivo.

Y por último, en un contexto más general, lo más grave es que, si continuamos por este camino, la desafortunada, electoralista y partidista “discriminación positiva” va a dar al traste con la legítima y valiente denuncia de miles de mujeres durante siglos, exigiendo justicia para que la igualdad de derechos entre hombres y mujeres sea una realidad palpable en nuestras comunidades y la dignidad de la persona, sagrada. Para ello, pedimos que se legislen leyes justas, frente a toda discriminación excluyente. De lo que se deduce, dicho sea de paso, la necesidad de ese Poder Judicial independiente, que en nuestra democracia brilla y ha brillado por su ausencia.

Una denuncia falsa es una bofetada en la memoria de tantas mujeres que lucharon por nuestros derechos y una burla indiscriminada para las mujeres que hoy continúan sufriendo violencia a manos de sus parejas.

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