Las tropas de la troika

0

¿Es Alexis Tsipras un traidor, dicho en lenguaje políticamente incorrecto, o una marioneta, en la jerga al uso? Caso de ser afirmativa la respuesta, ¿cabe preguntarse desde cuándo? ¿Ha constituido Syriza una verdadera alternativa al Sistema impuesto por la troika prácticamente tras la II Guerra Mundial? Es complicado de averiguar. Las antesalas del poder no cejan su continua y oscura actividad y están prestas a actuar en cada coyuntura concreta, en atención a la complejidad o los puntuales intereses en juego. Ahora lo veremos.
Por otro lado, la información, los cientos de crónicas de los medios entre oficiales y oficiosos y los alternativos, no ayudan demasiado a deshojar la margarita, porque entre los que defienden la lógica más sórdida del liberalismo financiero de la troika, de la forma más natural y evidente, modo, aplicación Margaret Thatcher: “no existe otra alternativa posible”, y los discípulos de la conspiración interplanetaria, hay una brecha de kilómetros que requiere recuperar la cordura que necesita, sí o sí, el análisis de los hechos. Para ello, ambas interpretaciones han de estar dispuestas a ceder ante la libertad de prensa, secuestrada por los entes políticos.
Desde luego, no se puede negar que la imagen mental de lo acontecido es sobrecogedora. Mientras vemos como Grecia pierde el control de sí, bajo una marisma de mercaderes sin corazón, dirigidos por los hilos de aquellos que esconden sus verdaderos ropajes bajo el apelativo de globalización, advertimos como aquella máxima de la belleza sinónimo de equilibrio, bien y bondad desaparece de los corazones de los griegos y los europeos por extensión, dejando apenas un rastro con olor a papel mojado y vieja biblioteca.
Es cierto que en un breve tiempo de hechos precipitados y días irreflexivos, los griegos han protagonizado una danza macabra entre la angustia y la esperanza, colofón de siete meses de gobierno en el que éstos se atrevieron a pensar que la soberanía y deshacerse de la esclavitud de la deuda era posible. Syriza gana las elecciones en enero. Una mayoría de helenos le vota para que acabe con los recortes.
En julio, y anótese la fecha que volverá a aparecer en el artículo, Tsipras, en su línea, continúa prometiendo mano dura contra la UE: “No habrá un griego sin comida”. Y algo más, mucho más: “Habéis vencido el miedo y recuperado la esperanza. Nuestra victoria es una victoria de todos los pueblos de Europa que luchan contra la austeridad. Nuestra prioridad por encima de todo es devolver la dignidad perdida a Grecia”. Casi nada. Orgullo, soberanía, libertad… abracadabra. Tsipras conecta con el inconsciente colectivo, con el arquetipo junguiano de los descendientes de Aquiles.
Y comienza a enseñar sus armas, desveladas a otro nivel del juego, donde los ajedrecistas se muestran especialmente atentos al más mínimo movimiento, el geopolítico. El mundo unipolar se resiente y apenas se advierte una brecha que muchos expertos interpretan como una posible debilidad en la consistencia del Sistema. Los nuevos representantes de la república helena bloquean la ampliación de sanciones de la UE a Rusia. La aparición de Vladimir Putin en medio de las negociaciones, y todo el elenco de “amistades peligrosas” que ello supone, es un jarro de agua fría que le recuerda a la troika que otra Europa es posible. Y, como no, Yanis Varoufakis se crece y declara: “No estamos dispuestos a trabajar con una comisión que no tiene razón de ser”. La tragedia griega está servida. No, sin protagonizar durante unas pocas semanas, una bonita epopeya que llama la atención dentro de una vieja Europa que se rinde a la suerte de su supuesta “comodidad”.
La troika pasa a la acción. Se acabó la democracia, con perdón. Ni acuerdos, ni conversaciones, ni negociaciones, ni monsergas… no sin corralito. Julio, 21 días de corralito. El Gobierno mantiene el pulso. Referéndum popular para que decidan los griegos si aceptan o no las condiciones de un tercer rescate. Gran victoria del rotundo OXI a la troika. A pesar de no tener acceso a su dinero, de peligrar sus escasos ahorros, los griegos votan soberanía.
Punto de partida de la gran decepción. El plan B de Yanis Varoufakis, que planteaba tres medidas concretas para plantar cara al chantaje del Eurogrupo: la puesta en circulación de pagarés, el recorte del valor nominal de los bonos de Grecia de 2012, y la toma del control del Banco de Grecia, se diluye. ¿Por qué Varoufakis abandona el Gobierno? ¿Por qué Tsipras acepta un tercer rescate más temerario y humillante que el que se había negado a firmar unas semanas antes?, son preguntas para la reflexión.
Una reflexión que debe tener en cuenta los últimos acontecimientos: un eurodiputado alemán de Los Verdes, Sven Giegold, denuncia la opacidad del proceso orquestado en la antesala del Parlamento Europeo. Resulta que el 30 de julio, entre exaltación y promesas de soberanía por parte de Tsipras, se revisaba la lista de privatizaciones, ventas y recortes, ampliando la que ya existía de pasados rescates. Giegold pone en evidencia, dice, “la falta de transparencia que está caracterizando al proceso, ya que la información no ha sido facilitada por las instituciones europeas ni el Gobierno griego, ocultándose el expolio al pueblo griego”. Y es que resulta que, para garantizar el programa de privatizaciones, se creaba en julio de 2011 el HRADF, Hellenic Republic Asset Development, una sociedad anónima, a la que llaman institución, en cuyo órgano de gobierno participan dos observadores de los Estados Miembros de la Eurozona y la Comisión Europea y cuyo único accionista es la República Griega. La SA, Desarrollo de Activos de la República Helénica, más o menos, tiene como objetivo ampliar la lista de privatizaciones y que éstas vayan a las manos adecuadas. ¿Estaba todo atado y bien atado?
Qué cada uno saque sus propias conclusiones. Yo voy a terminar este relato que como poco pone en duda eso de que la soberanía reside en los pueblos, con una categórica frase de Yanis Varoufakis: “¿Para qué enviar tropas si se puede enviar a la troika cada mes?”

Imprimir

Dejar respuesta