La insoportable levedad de la presión

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Haciendo un poco de trampa con el título de una inolvidable aventura literaria, me viene la necesidad de contar aquí también, la experiencia nada amable que está sufriendo un escritor y periodista por el solo hecho de exponer lo que piensa y lo que sabe, que es mucho, acerca de algún personaje detestable, o de unas conductas absolutamente a condenar. Sin dar nombre, porque eso sería igual que señalar, o quizás sí, porque ya han señalado a este quijote de la información y de la creación novelística, se le somete a un execrable seguimiento personal derivado en insultos por grafitis, en amenazas en las redes, en anuncios de querellas, de modo que ha llegado a una situación que califico sin ninguna duda como lo que llamo La insoportable levedad de la presión.
Una presión, acoso a decir verdad, agobiante y desequilibrada, a un autor que solo se ha permitido, creyendo vivir en un país con derechos reconocidos y por tanto con libertad de escribir sin temor a las censuras, las presiones mediáticas o la persecución, que solo se daría en estados sin leyes ni libertad. Todo cuanto aquí relato es tan verdad como inverosímil que nos pudiera suceder algo así en tierra poseedora de una normal sociedad. Y sin embargo, en esta España de amores y desamores, en nuestro país querido pero contradictorio, perviven unas ínsulas de intolerancia, de pensamientos y conductas claramente dictatoriales, que reciben muy mal, esas notas democráticas de libertad y respeto por la diferente opinión del otro.
Una insoportable presión hacia el autor, y ya lo digo, Josele Sánchez (casi un héroe a la fuerza), a su casa e indirectamente a su familia, hace que al final, atado a las condiciones humanas y sociales de cualquier ciudadano corriente, este escritor, tenga que caminar con prudencia de adolescente, cancelar sus cuentas en las redes, o tener que presentar cara a las torticeras querellas sobrevenidas, simplemente, repito, por hacer uso de una pretendida libertad de expresión, que ésta solo se considera si resulta útil a los nuevos y más peligrosos censores.
Naturalmente mis palabras quieren ser una denuncia, firme, contundente, de las formas y modos que los hipócritas demandantes de derechos y libertades, presionan al escritor y periodista valenciano Josele Sánchez, atrevido, osado acusador de una figura torva y cruel, o a un cantante, a cualquier artista que califiquen fuera de su órbita – y hay ejemplos para todo – que basándose en un falso plebiscito popular, atacan sin piedad el discurso que no les gusta. Aceptada como correcta políticamente, los nuevos dictadores anotan quienes serán considerados “suyos” y por eso halagados y quienes tienen que ser perseguidos, amenazados o rechazados por un “establishment”, forjado en el rencor y la venganza.
Como miembro activo de una democracia que quiero real y efectiva, acuso a esos detentadores de viejas cadenas de opresión, de pertenecer a una casta abusiva y amenazante que no merece, de ninguna manera llamarse demócratas y mucho menos el convivir entre nosotros.

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