Ignorante titulado

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Hay gente estúpida. Bueno, no exactamente estúpida pero sí ignorante. Yo le llamo ignorante titulado (cultureta, para que nos vayamos entendiendo). Suelen ser personas con una incapacidad manifiesta de ver la realidad, es decir, su mente deforma de manera involuntaria (o no) la percepción de las cosas y, sobre todo y por encima de todo, la percepción de uno mismo. A decir verdad, son personas que acumulan verdaderos ramilletes de complejos. Ellos saben que no valen lo que parecen y, cuándo están a solas con ellos mismos, desnudan su propio tongo. Y sufren, claro, aunque parezca que se engollipan de éxito. Además, suelen estar exhaustos, sino por la edad, que ya les va pesando, sí por el esfuerzo de parecer elocuentes o sagaces.

A mí me dan grima. Será porque lo del Loden con alcanfor y la vinoteca bañada con exquisiteces gastronómicas me da coraje, por no decir asco. O porque no entiendo un carajo de vinos ni sé lo que es oxigenar una copa, ni chupar pa ver si tiene la temperatura exacta. Y más aún el desprecio soterrado por culpa de la resaca egocéntrica que arrastran.

El talento…¿qué es el talento? Parece ser que ser talentoso significa aprender las cosas con mucha facilidad o rápidamente y eso, visto desde otra perspectiva, podría ser algo así como la eyaculación precoz de la mente: sí, rapidito… rapidito tú pero muchacho, me has dejado indiferente. Vamos, que no quiero ni volver a verte. Muchos acaban medicados. Diazepanizados, fluoxetinizados, con disfunciones emocionales( de las eréctiles podríamos escribir un libro) e insatisfechos por todo, ante todo y sobre todas las cosas.

Este prototipo tiene su prototipa que a su vez se divide en dos subespecies:

A) La jovencita de no muy mal ver que necesita un empujoncito (de los dos tipos, del social y del cuarto y mitad de longaniza por detrás) y que mueve las pestañas en Oriza mientras su cultureta paga una cena de 250€. Ella acaba de adquirir de manera inmediata prestigio. Da igual que el partenaire esté pa mantita y buen caldo o que lleve tres horas contándole los premios (no los del cinco y te la hinco, que son los divertidos, sino los literarios, culturales o políticos). Aquí lo que cuenta es que ella vale lo que vale en función del señor que la invita y claro, el señor vale un mojón y ella, por extesión, otro, pero con tacones de aguja. Vamos, una bruja.

B) La menopáusica (ojo, que yo ya missssmoooo… ya missssmooooo) que tiene orgasmos sostenidos de escucharse, que calza un peluco que se lo ha pagado con su dinero porque ella es inteligente, independiente, liberada y endogámica y no necesita un hombre para reafirmarse y es una dependiende emocional de tres cojones que esconde en su soltería libremente elegida, un ansia ilimitada por casarse y ser la esposa del supuesto (bahhh) inteligente.

Y todo eso ocurre mientras otros vamos al Alamillo un domingo. O a una venta de Valdezorras dónde te ponen un chorizo con huevo que tú te lo comes y te llevas dos días durmiendo. O haciendo una barbacoa en el campo de fútbol con un mandil de volantes y una papelera boca abajo a falta de caja, porque caja falta, pero sobra arte.

Ahora dirán que es la envidia que me sale por todas partes. Y llevan to la razón del mundo porque sólo los listos emborronan sus carencias mientras a los tontos sólo nos queda mostrar lo gilipollas que somos, eso sí, con mucha clase y con mucha paciencia.

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3 Comentarios

  1. Muy bueno, Olga.
    Ya te dije un día que tus artículos crean adicción,
    así que no dejes de escribir con tu pluma, un verdadero bisturí que disecciona la realidad social.
    Enhorabuena

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