Cómo sobrevivir a la justicia penal.

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El ciudadano que lee a diario la prensa encuentra entre las noticias más destacadas casos penales que se refieren a imputaciones, detenciones, denuncias y querellas; y junto a cada publicación suelen aparecer imágenes que a veces incluyen a los protagonistas de esos procesos que son competencia de la jurisdicción penal. Los periódicos acostumbran a ofrecer rápidamente los titulares, pero el lector, tras esa primera percepción, desconoce los siguientes actos procesales que tendrán lugar en la causa penal que acaba de iniciarse o que incluso aún no existe judicialmente.

Efectivamente, a no ser que sea un caso mediático, el periodista no suele publicar cada trámite seguido en un caso penal. Sin embargo, al otro lado, en los juzgados, las cosas no funcionan idealmente. Al contrario, todavía tenemos una administración de justicia tercermundista si nos fijamos en ciertos aspectos de la misma. Así, si usted tiene que asistir estos días a una declaración como testigo o imputado en los juzgados del Prado en Sevilla, se encontrará con casi toda seguridad que tiene que esperar en los pasillos de pie y con mucho calor, pues las zonas comunes de los juzgados no están climatizadas. Y si en esa espera desea ir al baño, observará que tiene que dirigirse a la planta baja pues es en esa zona donde se encuentran los únicos servicios públicos.

Pero no me refiero sólo a las cuestiones materiales. Tendrá usted suerte si le toman declaración en el despacho del juez y no en la oficina judicial delante de los demás funcionarios, abogados, procuradores y público en general; no importando que se trate de asuntos muy delicados, o aunque se refiera a un simple asunto de tráfico, que una instrucción penal no es un juicio en la plaza pública. Y si al terminar su exposición le permiten que lea sin prisas el acta en la que se ha recogido la misma, le reconocerán un derecho, pero quizás le sorprenda que lo escrito no coincide con lo que usted ha contestado, pues el juez habrá resumido sus respuestas y, a su vez, el funcionario habrá transcrito lo mejor que haya podido el dictado de la autoridad. Al salir, usted se preguntará por qué no han asistido a tan importante acto ni el fiscal ni el secretario judicial.

Estos días estoy recordando el caso de un cliente que perdió la vista en un ojo hace un año a consecuencia del brutal puñetazo que recibió de un desconocido cuando tomaba tranquilamente un café en un bar. Todavía no ha tenido lugar la declaración del imputado en las diligencias previas incoadas y los testigos del lesionado aún no han logrado contar su versión a la jueza instructora.

Este hombre no puede entender por qué la policía actuó a los pocos minutos de ocurrir los hechos y el juzgado no ha practicado ni las primeras diligencias un año después. La tutela judicial efectiva recogida en el artículo 24 de la Constitución se ve vulnerada cada vez que ocurre un caso así. Pero no son sólo las víctimas de los delitos las que sufren indefensión, sino que la padecen así mismo los imputados que un día fueron detenidos o citados a declarar, y ven sobreseída y archivada su causa a los muchos meses o años de comenzar a sufrir la pena de banquillo. Actualmente colaboro con abogados ingleses en la defensa de un español imputado en Reino Unido por delitos muy graves, y el Fiscal va a formular la acusación a los cuatro meses de ocurrir los hechos. En nuestro país, pueden transcurrir cuatro años perfectamente sin que la acusación se haya determinado, por lo que sólo conociendo ésta y otras vicisitudes se puede aspirar a sobrevivir a la justicia penal española.

Aunque acaba de entrar en vigor una importante reforma del Código Penal, no será hasta que el nuevo Código Procesal Penal esté vigente cuando el proceso penal en España comience a asemejarse al de otros países de nuestro entorno. Pero eso no será suficiente, pues deberán tener lugar otras importantes reformas como la del Estatuto del Ministerio Fiscal, que aseguren la imparcialidad de los fiscales. Y las administraciones deberán invertir altos presupuestos en medios humanos y materiales. Séneca decía que “Nada se parece tanto a la injusticia como la justicia tardía”.

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