El centro del mundo

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Tienes la habilidad de entrar en el centro del mundo. En el mio, al menos. Ya sea después de visitar Roma o la estepa castellana volver a tus piedras me da la vida.

Piensas cuando estas fuera lo lejos que te queda el Martes Santo, los macetones, el estado de limpieza de la ciudad, las botellonas….

Pero cuando llegas de medio mundo te das cuenta que este es el centro del mundo, de tu mundo.

De ese mundo que se nutre del día a día. De las apuestas pregoneriles, de discutir la duración de la feria, de si el 27 tarda más en llegar a Sevilla Este, que el transiberiano ( sin rima) en hacer su recorrido.

Somos hijos del día a día. Nos reunimos junto a un barril y una barra para hablar de temas nimios, que al fin y al cabo los temas importantes se bajan de nuestra realidad.

Amanecer a diario entre tus calles nos da la vida, nos nutrimos de tu día a día, nos nutrimos de tu monotonía.

Somos alma de tus piedras y a  veces piedras de tu alma. Porque insistimos a veces en que no avances y te lastramos cuando deberíamos de impulsarte.

Nos aferramos a quererte para destruirte micra a micra. Deberíamos de sentirte más como algo propio cuando a veces te criticamos sin pensar.

Debe de ser este veroño que se ha instalado en mis huesos. Prometo Sevilla quererte más.

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