Capilla de San José

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Cada día, al barrer la capilla, se recogen caliches, arenillas, pigmentos, restos de cenizas… 300 años que estamos perdiendo. Cada día se recoge el miedo, el dolor, las lágrimas de los monjes capuchinos. Cada día se recoge el odio, la sinrazón, la barbarie de esa horda que prendió fuego a esta joya barroca. Cada día se recoge el desconocimiento, la desidia, el mirar para otro lado de la inmensa mayoría de los sevillanos (esos mismos sevillanos que ni saben que los museos en Sevilla son gratis). Pero cada día se recoge también la esperanza, el amor y el trabajo desinteresado de un pequeño grupo de personas que lucha por ella y no va a consentir que la pequeña caja de las maravillas que hay en la calle Jovellanos siga cayéndose a pedacitos.

Muchos de los que leéis esto sabréis de qué hablo, otros estaréis intentando hacer memoria y recordar qué puede haber que merezca la pena en esa calle. Pues lo que hay merece la pena y mucho. Una pequeña capilla, culmen del barroco sevillano, que ha sobrevivido a los avatares de la historia, y que necesita la ayuda de todos para seguir haciéndolo.

Este año se cumplen 300 de la finalización de las obras de construcción de la Capilla de San José, levantada por el Gremio de los Carpinteros de lo Blanco con la ayuda de las limosnas de los sevillanos (efemérides que está pasando sin pena ni gloria para la mayoría de la ciudad). Es una pequeña capilla de una nave donde lo arquitectónico desaparece para dar paso a lo ilusorio, al juego de luces y sombras, al abigarramiento, a la madera dorada sin formas reconocibles, una gruta de las maravillas, un joyero, como la llamaran los estudiosos en el siglo pasado, sin parangón ni en la ciudad ni en el resto del mundo.

El decaimiento de los gremios, y de este en particular, hace que las labores de mantenimiento de la Capillita se descuiden y que se llegue a cerrar a mediados del siglo XIX hasta que se le entrega en 1916 a la comunidad de Capuchinos para que la mantenga y le dé uso.

Pero ellos solos no pueden. Ya se salvó de la piqueta, literalmente, en dos ocasiones: en 1868, en el plan de reorganización de la plaza Nueva, se propone su derribo para poder ampliar la calle, y entre los años 1909-13, el conocido como alcalde palanqueta, Antonio Halcón y Vinet, lo intenta de nuevo. No podemos dejar que esto pase ahora.

Pero fue sin duda el 12 de Mayo de 1931 la fecha clave y nefasta para nuestra capilla. El anticlericalismo reinante con la proclamación de la Segunda República se cebó con una gran cantidad de iglesias en España. Y llegados a este punto, aún tenemos que decir que tuvimos suerte. Los monjes estaban sobre aviso y pudieron ponerse a salvo. El grupo asaltante hizo una pira en el centro de la nave con todos los bancos, le prendió fuego y se llevó a alguna de las esculturas para luego tirarlas al río.

Las llamas hubieran consumido la capilla, toda madera, si no se hubiese desplomado gran parte de la bóveda, haciendo que estas saliesen hacia arriba y no se propagasen por los muros.

Después de esto, las única obra que se ha realizado en la capilla ha sido volver a techarla y alguna que otra de emergencia para impedir que se filtrara el agua, por lo que todavía se intuye el humo del incendio.

Las pinturas murales se encuentran en un estado de conservación pésimo, quemadas, en parte, y ennegrecidas por el hollín, que además deteriora pigmentos y preparación y, literalmente, se caen a trocitos. Además de esto, las filtraciones de agua también han ayudado a que estas se desprendan y pierdan cohesión, lo mismo que en zócalos y azulejos, que prácticamente se desmoronan al roce. También se observan grietas en paramentos. Si a todo esto le unimos los repintes, los intentos de restauraciones para que no se notasen los estragos del incendio y el día a día, entre otras muchas cosas, tenemos un edificio que se está perdiendo poco a poco. Necesita ser intervenido inmediatamente. Las obras de urgencias se estiman en ochenta mil euros, pero realmente se necesitaría millón y medio para rehabilitarla por completo.

Aquí entra en juego ARECA San José, que es la asociación que se crea con el fin de conseguir el dinero necesario para empezar las obras. Está removiendo cielo y tierra para ello: programando conciertos, vendiendo merchandising relacionado con la Capillita, celebrando conferencias, presentaciones de libros, visitas guiadas, actividades en la Noche en Blanco, carreras, concursos, juegos, retos, campañas de selfies…, todo enfocado a obtener esos euros que se necesitan. También lleva cuatro años llamando a puertas. Todas y cada una de las que pueden aportar un poco (o mucho) de dinero con resultado dispar.

Parece que el Ayuntamiento va a poner parte del dinero para acometer las obras de urgencias. Durante estas, la iglesia seguirá abierta al culto, incluso se podrían organizar visitas guiadas a las zonas de trabajo para ver el progreso de ellas.

Y, mientras, ARECA seguirá organizando actividades de investigación, de información de difusión y disfrute de esta maravillosa capilla, única Sevilla, que, no olvidemos,  fue el primer edificio sevillano declarado Monumento Nacional en 1912 (junto a Santa Catalina), mucho antes que la Catedral o el Salvador.

(En arecasanjose.org tienen toda la información sobre la asociación, la restauración y las distintas formas de ayudar)

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