Calladita estaría más guapa, pero…

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Hace ya mucho tiempo que dejé de preocuparme por lo que dijeran de mí los demás. Si yo viviese acordándome de todos a los que caigo mal, me había enterrao debajo un hoyo pa no salir jamás.

Si supieran los que me tienen manía, inquina o coraje, lo indiferentes que me son, probablemente lo intentarían con otras aunque no sé si llegarían a ser tan odiadas como yo. En cualquier caso que les den morcilla, son ellas o ellos los que sufren, no yo.

A mí me importa todo tres leches, será la edad. Me importa la gente que quiero y la gente que quiero solo la sé yo. No quiero por imperativo legal a todos aquellos que se supone estoy obligada a querer y, sin embargo, puedo llegar a querer mucho a personas que, conmigo, genéticamente, no tienen nada que ver. Será que me gusta la gente que escucha, comprende, respeta y abraza sin imposiciones morales y sin dictar sentencia de lo que debes o no debes hacer.

Dicen que como te quiere tu familia, no te va a querer nadie más pero hay un refrán que dice que nadie es profeta en su tierra y a veces es hasta verdad. Y bien que me toca el reverendo lo de “quién bien te quiere, te hará llorar”, porque eso no es un refrán, eso, además de mentira, es una marraná.

Los nuestros, los tuyos, los míos, en sus buenas intenciones y en su indiscutible bondad, son incapaces de entender que tú eres distinta a ellos y que ni una pata tuya cuadra con su forma de pensar. Y de vivir, claro está.

A veces una nace con un talento devaluado, errante, un poco lunático (o con una tara, porque ahora a las taras se las llama “diversidad” y lo que tú tienes es tara disimulá) y arreas desde niña con la pegatina de “qué joía es esta niña, que rarita, de verdad” y lo oyes a los 5, a los 6, a los 15, a los 18…y a los 46. Y llega un momento en que dices…¡joder, soy un desastre, si ya lo sabéis!

La vida recta, estable, que nunca cambia ni ha cambiado en 40 años y cuya sintonía es armoniosa, dulce, coherente, exitosa e ideal existe, pero coño, ¡pa mí no, pa los demás!.

Pero también es cierto que hay personas que se enamoran y se enamoran para toda la eternidad, tienen un trabajo y tendrán per secula seculorum estabilidad laboral y llegas tú con to tu papo y to lo haces fatal. Te desenamoras, cambias de curro (y no por tu culpa, por la de tres cobardes de mierda que nunca valdrán pa ná) y te toca arremangarte y luchar y hacerte peinetas de colores con el que dirán.

Así que todo lo que de mí se diga me da EXACTAMENTE IGUAL.

A mí sólo me quiere quién me conoce de verdad. Y yo no soy de grandes “quereres” pero al que quiero, lo quiero pa reventar. Al resto les caigo fatal. Pos na. A muchos les parezco prepotente, idiota, altiva y protestona (eso último Lavangelio, sí señor) pero pensar en alto es carísimo y dejarlo por escrito muchísimo peor, aún no diciendo nada que no haya dicho antes alguien en la barra de un bar. Pero las palabritas se las lleva el viento y lo escrito no se puede borrar.

Callaíta estaría más guapa, la verdad. Pero pa mudo, el de los hermanos Marx. No tengo un duro, no tengo fincas ni cortijos ni ná, no tengo un Versace en el ropero…¿encima me viá tené que callá?

La boca la tengo yo pa hablar.

¡Peinetas pa las guapas, no ni naaaaa!

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