Banderas, amenazas, incertidumbres

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Llegó el día que todos estábamos esperando. Lo que ocurra a partir de ahora es un enigma que inquieta a la mayoría, aunque personalmente creo que de peores hemos salido hace no mucho. Sucede que lo de esta vez atañe a los sentimientos y las vísceras. Está la bandera, la unidad de la patria y todo eso que es sacrosanto para mucha gente y para otra un muro que se debe derribar. Cuentan que en Cataluña desde hace tiempo resulta imposible que una reunión de amigos acabe bien si en ella sale a colación el asunto de la independencia; que sale siempre. Es verdad, el personal se altera demasiado con estas cosas, lo cual puede tener cierta lógica, pero peor fue lo de estar a pique del rescate, con la prima de riesgo por las nubes y gente a mansalva que no tenía para comer. ¿Acaso no nos acordamos? En cierto modo, los actuales polvos del ‘pruces’ ese, vienen de aquellos lodos en los que se hundió nuestra economía. Primero fue la construcción, luego la banca y luego todo lo demás. Entonces fue cuando surgió Podemos, Puigdemont y hasta el PSOE de Pedro Sánchez. En lo económico, la bala nos pasó rozando. Nos hirió, pero seguimos vivos. Ahora es distinto. Ahora hay hasta quien pone el pecho para que le dé. Se trata de patriotismo y eso es peligroso, porque la situación creada incita a reaccionar en caliente. Hay, además, una especie de regresión en todo lo que está pasando y vemos a nuestro alrededor. Es como si hubiéramos vuelto a los años setenta, a lo más inicial e inquietante de la Transición, cuando nadie sabía cómo iba a acabar la historia y temía por el futuro, viniendo como se venía de una guerra terrible. Las cosas entonces no estaban claras y los radicalismos hallaban en esa tiniebla el ambiente propicio para expresar su amenaza. Igual que ahora. Yo, que no conozco más patria que mi infancia y mi familia, rogaría a todo el mundo, por eso, un poco de calma. Y, a tal fin, sería bueno también que el gobierno empezara por hacer cumplir la ley, sin complejos y hasta sus últimas consecuencias. Y, ya puestos, que le digan al ministro de Economía (hemos acabado comprendiendo que lo de ‘Guindos’ no es casualidad) que deje de ofrecer cupos vascos a los díscolos secesionistas, porque entonces es cuando se va a liar de verdad.

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