¡Arriba las manos! Esto es un chantaje

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Las últimas detenciones de los “supuestos” jefes de la banda terrorista ETA, David Pla e Iratxe Sorzabal, en la fronteriza localidad francesa de Saint-Etienne-de-Baigorry, han servido, como todo este tejemaneje infame que se llevan entre manos durante los últimos años los protagonistas del bipartidismo, de altavoz mediático, para volver a vendernos ese eufemismo que han dado en llamar política antiterrorista, como un éxito.

La política antiterrorista de los gobiernos del PSOE y el PP ha consistido, básicamente y a los hechos nos remitimos, en pactar con los asesinos, poner en jaque mate a la Justicia, ningunear a las víctimas y permitir, con sus tretas en territorios nacional y europeo, que los terroristas vean  defendidos sus intereses en todas las Instituciones públicas de España, nacionales, autonómicas, territoriales y locales, incluso en las comunitarias, haciéndose con magras subvenciones públicas; tan públicas como las ayudas a grupos parlamentarios que también obran en su poder y a las que también tienen derecho.

Un éxito mediático servido en bandejas de demagogia, especialmente preparadas para la ocasión, con un lenguaje depauperado, gastado y no por ello menos sórdido, tratándose de un tema que exige especial atención y consideración, y por el que hay tantas familias destrozadas en este país, y a pesar de ello, se han mantenido firmes dando a toda la sociedad española un ejemplo de generosidad y perdón digno de admiración.

El ministro de Interior, Jorge Fernández Díaz, afirmaba como escuchándose a sí mismo, que estas detenciones suponían “el descabezamiento absoluto” de la banda terrorista, añadiendo que ETA es desde hace un tiempo “un cadáver al que le falta expedir el certificado de defunción”… Bueno, quizá otros advertimos más de esas muestras de descomposición post mortem, de las que hace gala el ministro del Interior, en el PP que en la izquierda abertzale, cuyas banderas y exhibiciones en apoyo a la banda terrorista, se suceden de forma gratuita y con total impunidad, frente al silencio al que se ven obligados aquellos que no piensan como ellos, en los territorios en los que gobiernan.

Sin ir más lejos, un breve ejemplo de muestra. A principios del pasado mes de septiembre y denunciando las exhibiciones expuestas en el párrafo anterior, la formación política UPyD registraba una iniciativa parlamentaria en la que se exigía la condena de los actos promovidos “por el mundo de la izquierda abertzale”, especialmente en las fiestas celebradas en verano en Euskadi. Entre ellas, enumeraba la iniciativa, la colocación de pancartas de carácter proetarra, los brindis populares por presos de ETA, el ataque perpetrado contra el monolito que recuerda las víctimas del terrorismo en el parque Doña Casilda de Bilbao y el enaltecimiento del terrorismo durante la marcha por la amnistía en la misma ciudad vasca y por ello, doblemente española. Desconocemos en qué isla desierta o paraíso fiscal incomunicado ha pasado el ministro las vacaciones. Pero le recordamos que cada vez que se produce uno de estos actos hay vascos que están viendo como la memoria de sus muertos se arrastra por los suelos, sin que aquellos que tienen que velar por ella muevan un dedo. Luego pasa lo que pasa; pasa eso que llamamos independentismo. Pero este es otro tema, aunque realmente, no existen los compartimentos estancos.

El cachondo de Mariano Rajoy se despachaba con una parecida, “la única vía que tiene ETA es la disolución incondicional”, -por lo menos no ha dicho aquello de “llueve mucho”-. Si además de lo expuesto -recordemos que sólo en 2011 Bildu se embolsaba casi un millón de euros en subvenciones-, añadimos que la Sorzabal y compañía se han dedicado estos últimos años, tras ser partícipes de la lectura del comunicado que anunciaba el cese de los asesinatos aleatorios y deliberados, “de la actividad armada”, dice otro eufemismo, -cualquier día de estos las víctimas serán daños colaterales-, si además sumamos, como decíamos, el hecho de que estos asesinos se hayan dedicado a viajar por los máximos organismos europeos con el objetivo de “obtener contraprestaciones por la capitulación definitiva de ETA”, mientras gestionaban el arsenal armamentístico y explosivo del que aún dispone la organización terrorista, las declaraciones del Presidente del Gobierno son un insulto y una burla… nada más lejos de lo incondicional, sr. Rajoy. Recuérdese que Pla y Sorzabal denominaron “elementos técnicos” al hecho de negociar el tema de los presos, los huidos, la entrega de armas y la salida del Ejército del País Vasco, declarando en la capital noruega, que no consideraban suficiente compensación el regreso a las instituciones, sin condenar ni a ETA ni sus atentados.

Mientras, Soraya Sáez de Santa María se mostró victoriosa declarando el triunfo de la “fuerte unidad de los demócratas”, una frase tan falsa como agotada, entre otras cosas porque la susodicha, la unidad de los demócratas, brilla por su ausencia. Y Pedro Sánchez, el bienqueda, jefe de la oposición, se despachaba con un “que se disuelva”, en su línea, un tío comprometido donde los haya.

Los chantajes y las preguntas con las que los abertzales vacilan a las instituciones españolas son diarias, basta con leer la prensa. Por ello, pero sobre todo por el dolor y el respeto que implica el tema que estamos tratando, creemos que la noticia de los detenidos y encarcelados por el gobierno de Francia -ese país en el que, seguramente, el asesinato no salga a menos de año de condena-, merece otra actitud, otro compromiso y otro discurso que se desligue de una vez por todas de este insulto a la inteligencia de todos los españoles.

Su historial de las atrocidades cometidas ha sido ampliamente publicado por la prensa en estos últimos días, sólo recordar que ambos terroristas se encuentran entre la decena de dirigentes etarras investigados en la Audiencia Nacional por delito de lesa humanidad en concurso con delitos de asesinato y secuestro, cometidos desde el 1 de octubre de 2004 hasta la actualidad.

Si nos lo permite, sr. ministro, el cadáver que algunos observamos es el de una democracia, la española, que se ve incapaz de defender la justicia y a las víctimas, aceptando el chantaje de los asesinos, por un puñado de votos y en pro de intereses partidistas.

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