94.188

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Memoricen el número: 94.188, repito: 94.188, porque indica las interrupciones de embarazos o, mejor dicho, de asesinatos legales, cometidos en España en 2015 y reconocidos por el Ministerio de Sanidad a trancas y barrancas, casi a última hora del último día de 2016, mientras todos estábamos enredados preparando la Nochevieja, intentando que pasara desapercibido el evidente fracaso de nuestro popular gobierno, cuyos representantes aún tienen la desfachatez de afirmar lo mucho que trabajan por el derecho a la vida, bla, bla, bla … 

Dicha cifra (que haría santo al mismísimo Herodes con su matanza de niños) consolida una dramática tendencia: se niega el océano de la vida a una de cada cinco criaturas, lo cual imposibilita el relevo generacional y aboca a nuestra civilización a un fín de ciclo, tal como le sucedió al imperio romano por unas carencias de referencias morales asombrosamente parecidas a las actuales. 

Este inaplazable asunto sólo podrá solucionarse cuando accedan a nuestras instituciones personas del pueblo con redaños para soltar a quemarropa estas verdades del barquero, capaces de llamar al pan pan y al aborto asesinato, y con ilusión por apostar descaradamente desde el ámbito público por la defensa de nuestro tesoro más valioso: la vida.

 

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