Eternamente suyo. Carta para un sueño

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Carta con motivo del 180 aniversario del nacimiento de Gustavo Adolfo Bécquer.

Soñada mía:

La recuerdo siempre desde la sima, desde el negro fondo de lo inasible, pero no puedo dejar de evocarla entre las más selectas Rimas del Maestro Bécquer; mi centro, mi norte, mi sur… mi dicha y mi perdición. Mi imposible. Arrastra usted sin descanso esta pluma por el blanco de mi vacío, tan sólo con su imagen y su mirada. Y esta carta que no habrá de leer, como todas las anteriores, será mi punto final y el candado con que eternizaré su leyenda.

-Tú, sombra aérea, que cuantas veces voy a tocarte te desvaneces ¡como la llama, como el sonido, como la niebla, como el gemido del lago azul!-

Ya adolescente quise verla -y la vi- asomada a aquella ventana prendida de geranios granas y blancos, pasión y pureza enmarcando un rostro de ensueño y vana fantasía. Quise saludarla -y la saludé- alzando la mano que hacía las veces de mi alma, eufórica y arrogante, por tamaña pretensión. Quise hablarle -y le hablé- balbuceando palabras que nunca escuchó porque, de tan profundas, no llegaron a traspasar mis labios. Aun quise amarla -y la amé- gastando inconsciente las horas de mi descanso nocturno, que no fue sino vigilia de iluso amante.

-Hoy la tierra y los cielos me sonríen, hoy llega al fondo de mi alma el sol, hoy la he visto… La he visto y me ha mirado… ¡Hoy creo en Dios!-

Durante la madurez, me avisaban mis amistades de la quimera que suponía ese vivir que no era tal. Esa obsesiva búsqueda de usted, imposible mía, a través de versos, prosas, imágenes, sonidos, aromas, luces y sombras… Sufrían creyendo que era yo quien padecía, cuando ¡pobres! debieran ser ellos los abrumados por mantener una existencia tan común como vulgar. Este servidor que le escribe sin saberla exacta, ha vivido hasta su última rúbrica en un mar de infinita felicidad, aguardando, anhelando, ensalzando, dibujando y soñando con usted, como ningún otro hombre pueda nunca imaginar. ¿Acaso soy yo el loco entre una muchedumbre de cuerdos hastiados?

            -Fingiendo realidades con sombra vana, delante del Deseo va la Esperanza.-

Sin embargo, y muy a pesar mía, todo tiene un final y mis días en este mundo que nunca pareció ser el suyo, terminan por resultar suficientes. Muero con la serena alegría de intuirla allá donde confío se me permita acceder; a ese celaje divino en el que, esta vez sí, disfrutaré la suerte de contemplarla.

-Yo soy un sueño, un imposible, vano fantasma de niebla y luz. Soy incorpórea, soy intangible, no puedo amarte.

-¡Oh ven, ven tú!

 

Eternamente suyo.

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