El patinete y la raqueta, maderas de héroe

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Ignacio Echeverría era un perfecto desconocido. Un chaval más de los miles que en Londres buscan lo que España les niega, un atisbo de futuro, un asidero donde labrarse un porvenir, un trabajo que por poco que le pagaran al menos vendría con el inglés bien aprendido. Sin embargo, por las venas de Echeverría corría una sangre fuera de lo común. Las directrices de seguridad del anti terrorismo yihadista aconsejaban salir corriendo, esconderse, avisar a la Policía. Y él hizo todo lo contrario, dar la cara, enfrentarse a la sinrazón de unos desalmados que atacaban a una mujer indefensa, enfrentarse con su patinete a un loco de una ideología medieval hasta recibir una puñalada por la espalda que acabó con su vida. Quizás esos tres, cuatro o cinco minutos que pudo ganar hasta que llegaron los policías salvaron a muchos jóvenes que como él disfrutaban de una agradable velada.

También Rafa Nadal está hecho de otra pasta. Este domingo, cuando muchos entendidos ya auguraban que había tocado techo, que no podía dar más de sí, acaba de alzarse con su décimo trofeo de Roland Garros en París. Quizás también más de un augur le haya aconsejado que empiece a pensar en la retirada, que no merece la pena más esfuerzo y sacrificio porque todo está ya conseguido.

Los dos, cada uno en su justa medida, son dos héroes de nuestro tiempo, dos referentes para una juventud a la que le dicen que lo mejor es arrastrar los pies y agachar la cabeza por que sólo hay un presente. Ignacio Echeverría, en el cielo de los escogidos y Rafa Nadal en la tierra donde se bate el cobre, son la anti España mediocre y cobardona que nos toca sufrir a diario. La que sale en la televisión basura, en las tertulias cutre de la radio y por qué no decirlo, hasta en las instituciones que creíamos que tenían un halo sagrado de dignidad como en las Cámaras políticas de nuestros representantes. Gracias a ellos dos hemos recargado un poco las pilas que teníamos gastadas de tanto pesimismo, tirar la toalla, inanición y el ver que no nos quedaba más remedio que tener que escoger a los menos malos de la peor tanda en mucho tiempo. Ahora presumimos de dos espejos donde nosotros, y lo que es más importante, nuestros hijos, pueden mirarse orgullosos. Ellos son la marca España a coste cero para el contribuyente. Ni corbatas ni mochilas de ocasión. Orgullo de una gran nación, antigua y sabia, que fue capaz con una cruz y una espada de conquistar un Continente hace 500 años. Esta semana, con un patinete y una raqueta de madera, ambos han conquistado nuestros corazones. A los dos, muchas gracias. Nos hacíais falta. Mucha falta.

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