La importancia de la figura paterna tras la ruptura matrimonial (I)

0

Los padres varones deberían ser mucho más que “adultos secundarios o periféricos”. Es difícil encontrar a algún experto, llámense Psicólogo, Pedagogo, Pediatra, “Defensor del Menor”, etc. que recomiende la exclusión del padre en la educación y la crianza de los menores.

Desde Freud, pasando por Carl Rogers (“El proceso de convertirse en persona”, Edit. Paidos), Abraham Maslow, Lacan, Piaget, André Rochais, o en España el psiquiatra Rojas Marcos, o el Filósofo y Pedagogo José Antonio Marina, el psico-pedagogo Bernabé Tierno;  no hay quien no recomiende la presencia de la figura paterna en la vida de niños y adolescentes para que éstos alcancen el suficiente equilibrio emocional cuando lleguen a la adultez.

La presencia de la figura paterna durante la infancia y la adolescencia es vital para el desarrollo autónomo de las personas. Nada de lo que hacen los papás pasa desapercibido para sus hijos, sobre todo durante la infancia que define, en buena medida, el desarrollo posterior de los niños como jóvenes y como adultos. El rol de un padre es tan importante en la vida del niño, como el de la madre.

El padre complementa de manera muy importante los elementos afectivos, de identificación y protección aportados por la madre en la infancia.

Los problemas de la ausencia paterna son muy variados y, a veces, no tan evidentes como uno podría esperar. Un buen padre es tan necesario como una buena madre, motivo por el cual se hace necesario favorecer una participación más activa de los padres en la formación de los niños.

Se constata en múltiples estudios, que una proporción anormalmente alta de carencia-ausencia paterna en la cotidianidad de  los niños y adolescentes con dificultades; no es la causa exclusiva, pero sí es un factor asociado cuya frecuencia es significativa.

Progresivamente sociólogos y trabajadores sociales han evidenciado una correlación entre la falta de padre y una serie de problemáticas, como los fracasos escolares, la delincuencia juvenil, el consumo de sustancias psico-activas, los trastornos de la alimentación (bulimia y anorexia) y sobre todo, la proporción alta de fugas del hogar.

Consecuencias de la falta de la figura del padre:

Si continúa la tendencia que hasta la fecha es -por desgracia- lo usual en las sentencias de los Juzgados de familia, más de la mitad de los niños que han nacido últimamente en España, vivirán sin uno de sus padres biológicos, generalmente el padre, antes de que lleguen a ser adultos.

Muchos estudios concluyen que los niños que tienen a un padre motivado, implicado y participativo, en comparación a hijos, cuyo padre es menos activo, tienden a ser personas más competentes en el aspecto cognoscitivo y social, menos inclinados a estereotipar por diferencias de sexo, más demostrativos de su empatía y con mayor capacidad de adaptación desde el punto de vista psicológico.

La presencia del padre es de vital importancia en el desarrollo de los diversos aspectos evolutivos de la vida de los hijos.

A continuación, paso a indicar de forma general algunas repercusiones de  la ausencia de la figura paterna o su presencia mínima:

  1. a) Pérdida de contacto afectivo y lúdico con los hijos, la presencia del padre, su comunicación con los hijos, el tiempo que dedica a jugar con ellos es de vital importancia en la construcción de la estructura psíquica del niño y en el desarrollo de su autoestima.
  2. b) Pérdida de la dinámica familiar, de importancia considerable para el desarrollo del concepto de familia del menor, el ejemplo de los padres es la garantía que los hijos sabrán enfrentarse con éxito a las relaciones con las personas del otro sexo.
  3. c) Aparición de conductas regresivas. Los niños que están en la etapa de educación infantil tienden a manifestar conductas regresivas cuando la figura del padre está ausente: insomnio, crisis de rabietas, angustia de separación de la madre, pérdida del control de esfínteres, regresión en los hábitos de limpieza, estancamiento en las adquisiciones cognitivas, temores fóbicos. Los adolescentes son los que más sufren esta ausencia, presentando a corto plazo, inseguridad, soledad y a veces estados depresivos, tienden a manifestar esta ausencia de afecto y comunicación en forma de…
  4. – Fracaso escolar.
  5. – Conducta antisocial.
  6. – Dejadez, vagancia, apatía, absentismo escolar, abandono de los estudios, etc.
  7. – Consumo de productos tóxicos.

Los padres varones deberían ser mucho más que “adultos secundarios o periféricos”. Aquellos que participan en la vida de sus hijos, en especial los padres biológicos, brindan beneficios positivos a sus hijos que seguramente nadie más puede ofrecer. Entregan protección y apoyo económico y representan un ejemplo-referente positivo como hombre. Tienen un estilo para criar a sus hijos que es bastante distinto al de la madre y esa diferencia es importante para un desarrollo infantil saludable.

Las madres y los padres crían a sus hijos de una manera distinta y esta diferencia representa un gran beneficio para los niños.

La paternidad es tan crucial para el desarrollo saludable del niño como lo es la maternidad. La revista Review of General Psychology, señala que “Los datos sugieren que la influencia del amor de padre en el desarrollo de sus hijos es tan profunda como la del amor de madre y, en ocasiones, hasta más intensa”. El Dr. Kyle Pruett, experto en paternidad-maternidad, explica más detalladamente en la publicación Fatherneed: Why Father Care is as Essential as Mother Care for Your Child que “el padre no cría ni educa como madre”. La publicación Psychology Today señala que: “la paternidad es un fenómeno complejo y singular que tiene enormes consecuencias para el crecimiento emocional e intelectual de los niños”.

Un padre, como “padre biológico-hombre”, aporta elementos únicos a la labor de la crianza del hijo que nadie más puede proporcionar.

Repercusiones que la participación del padre crea de manera singular y positiva en la vida de un menor:

– El padre cría a sus hijos de una manera distinta. La diferencia entre madre y padre ofrece experiencias importantes y diferentes a los niños. Los padres poseen estilos inconfundibles para comunicarse e interactuar con ellos. Cuando los recién nacidos alcanzan sus ocho semanas de vida, ya conocen la diferencia entre las interacciones que tienen con su madre y con su padre. Esta diversidad, en sí misma, les ofrece una experiencia rica y más amplia de interacciones de parentesco, indudablemente mucho más que los niños que se crían solamente con la madre o solamente con el padre. Consciente o inconscientemente los niños están aprendiendo desde su más tierna infancia, a través de la experiencia, que los hombres y las mujeres son distintos entre sí y que tienen maneras distintas de sobrellevar la vida, relacionarse con otros adultos y con los niños.

– El padre juega de otra forma. Si bien aparentemente las madres y los padres se desenvuelven de forma muy semejante físicamente con sus hijos, por lo general el padre usa distintas formas. Él tiende a jugar con sus hijos, y la madre tiende a cuidarlos.

Él es “más brusco” y ella, más suave. Él incentiva la competencia, la madre incentiva la equidad. El padre incentiva la independencia, y la madre, la seguridad.

Los padres ayudan a las niñas y a los varones a interiorizar un equilibrio saludable entre la timidez y la agresión. Estos necesitan la suavidad de su madre, al igual que los juegos bruscos de su padre; ambos ofrecen seguridad y confianza de una forma muy propia cuando les comunican amor e intimidad física a sus hijos.

– El padre crea confianza. ¿Quiénes son los que a menudo motivan a los niños a columpiarse o trepar un poco más alto, andar en bicicleta un poco más rápido o lanzar la pelota con un poco más de fuerza? ¿Quién motiva a los niños a ser cuidadosos? La madre tiende a advertir a los pequeños, mientras que, con frecuencia, el padre incentiva a los niños a sobrepasar los límites. En conjunto, estos estilos son equilibrados y ayudan a los niños a sentirse seguros a medida que amplían sus experiencias y su confianza.

– El padre se comunica de manera distinta. Cuando las madres y los padres le hablan a sus hijos, ambos lo hacen de distinta manera. La madre por lo general simplifica sus palabras y habla a nivel del niño. El padre, sin embargo, no demuestra tanta inclinación por modificar su lenguaje con el niño.

La comunicación inmediata se ve facilitada gracias a la manera en que la madre se desenvuelve. El estilo del padre desafía al niño a ampliar su vocabulario y sus habilidades lingüísticas—un elemento fundamental para el éxito académico.

La conversación del padre tiende a ser más breve, de mando… También usa más frecuentemente expresiones faciales y “lenguaje corporal sutil”. La madre tiende a ser más descriptiva, personal en su expresión oral. Los pequeños que no aprenden a entender y usar ambos estilos de conversación, se encontrarán en desventaja, puesto que estarán obligados a experimentar ambos estilos a medida que entren al mundo de los adultos.

– El padre maneja la disciplina de otra forma. La psicopedagoga Carol Gilligan nos indica que el padre pone de relieve la justicia, la equidad, y los deberes (basados en las reglas) y, por otra parte, la madre destaca la compasión, el cuidado y la ayuda (basados en las relaciones). El padre tiende a observar y hacer cumplir las reglas de manera sistemática y con firmeza, lo cual les enseña a los niños su objetividad y las consecuencias de lo que está bien y lo que está mal. La madre, en cambio, tiende a expresar más “comprensión” y compasión respecto de la desobediencia. Como se señaló anteriormente, ninguno de estos estilos es bueno por sí solo, pero en conjunto, crean un equilibrio saludable y adecuado.

– El padre prepara a los niños para el mundo real. En términos generales, el padre tiende a ver a su hijo con respecto al resto del mundo, en cambio la madre tiende a ver al resto del mundo con respecto a su hijo. Por ejemplo, ella muy a menudo es consciente de cosas que ocurren en el mundo exterior que pudieran dañar al niño (por ejemplo, la violencia, los relámpagos, los accidentes, las personas extrañas, los perros o los gatos). El padre, aunque sin dejar de preocuparse por estas cosas, tiende a concentrarse en cómo van a estar preparados sus niños o, no lo van a estar, cuando tengan que afrontar algo en relación con el entorno.

A menudo vemos que el padre ayuda a que sus hijos vean qué actitudes y conductas en particular acarrean ciertas consecuencias. Por ejemplo, es mucho más probable que el padre les diga a sus hijos que si no se comportan amablemente con otros, otros niños no van a querer jugar con ellos. O bien, que si no tienen buen rendimiento en la escuela, no llegarán a la universidad o no podrán conseguir un buen empleo. En términos generales, el padre ayuda a los pequeños a prepararse para la realidad y el rigor del mundo real, mientras que la madre ayuda a protegerlos de éste. Ambas cosas son necesarias en el transcurso de la vida de los niños desde la niñez hasta la edad adulta.

– El padre ofrece al hijo una visión de lo que es el mundo masculino. Los hombres y las mujeres son distintos; comen de manera distinta, se visten de manera distinta; huelen distinto. Sobrellevan la vida de distinta forma. Desde el punto de vista estereotípico los padres hacen “cosas de hombre” y las madres, “cosas de mujeres”.

Las niñas y los niños que crecen con la figura de su padre se sienten más familiarizados y seguros con el mundo de los hombres. Las niñas que tienen padres que participan en su vida tienen más probabilidades de cultivar relaciones más saludables y de mayor confianza con jóvenes en la adolescencia y, posteriormente, con hombres en la edad adulta. Esto se debe primordialmente a que ellas tienen una mayor oportunidad de aprender de su padre, cómo deben actuar los hombres hacia las mujeres; es decir, entienden por experiencia qué comportamientos son inadecuados. Las niñas que se crían con un padre que participa en su vida también se sienten más familiarizada desde un punto de vista saludable, con el mundo de los hombres. No se preguntan qué sensación da la barba de un hombre o cómo es sentirse abrazada por brazos fuertes. Este conocimiento genera estabilidad y seguridad emocional.

Los niños que se crían con su padre son menos susceptibles a ser violentos. Han podido confirmar su masculinidad y aprender de sus padres, cómo canalizar positivamente esa masculinidad y fuerza. El padre puede ayudar a su hijo a entender más cabalmente lo que es la sexualidad masculina apropiada, la higiene y qué conducta es adecuada a su edad. A veces puede resultar difícil para la madre poder enseñar estas cosas a sus hijos varones.

– El padre puede enseñar respeto por el sexo opuesto. Los estudios nos muestran de manera reiterada que los varones y las niñas que viven con su padre en un hogar bien constituido o mantienen intactos los lazos familiares, pese a estar los padres divorciados, tienen mayores probabilidades de aprender, mediante la observación, cómo debieran tratar los hombres a las mujeres y viceversa.

Por lo tanto, es más probable que las niñas que tienen un padre que participa en su vida, seleccionen buenos novios y compañeros adultos/maridos, porque han tenido un buen modelo según el cual juzgar a los candidatos y, ciertamente, el padre también puede ayudar a descartar a los malos candidatos. Los niños que se crían con su padre seguramente se convertirán en mejores maridos, puesto que pueden imitar los aspectos positivos de su padre y aprender de sus puntos débiles.

Imprimir

Dejar respuesta