La Iglesia, pilar fundamental en Sevilla

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Quien desee conocer las claves de una ciudad tan peculiar como Sevilla, no tiene más remedio que realizar un viaje hacia las estructuras sociales y culturales de la misma donde la Iglesia ocupa un espacio tan ancho como relevante. Cuando desde los atriles de la política se oyen determinados discursos, en Sevilla esas palabras se diluyen por el sumidero de la incomprensión. Sevilla es una ciudad de votante volátil, de nazareno que envuelve las alpargatas en el último número de El Socialista, de gallo negro y gallo rojo, de Alameda y Arenal. Una ciudad dual que mantiene su estructura tanto en lo social como en lo político y dejar fuera de ese juego a la Iglesia es no haber entendido nada.

Este penúltimo domingo del año litúrgico, la Iglesia en Sevilla celebra, a parte iguales, el Día de la Iglesia Diocesana, la clausura del Año de la Misericordia en las diócesis y estreno de las Orientaciones Pastorales para el próximo quinquenio. Una celebración que crece en espiral, en palabras del delegado diocesano de Liturgia, el canónigo Luis Rueda, y que se aleja de la linealidad de los eventos mundanos. Esta triple celebración es la excusa perfecta para reflexionar sobre la notable presencia de la Iglesia en nuestra ciudad y provincia, así como para realizar una aproximación a la visión que tiene la institución sobre la realidad social.

La Iglesia en cifras

Más allá de los complejos que puedan despertar los números de la Iglesia y la búsqueda de resquicios como ya se ha hecho desde estas páginas, las cifras sobre las que se sustenta la realidad de la Iglesia en Sevilla es incontestable. Con un presupuesto de 41,4 millones de euros, solo un 15,2% proviene de la libre asignación de los ciudadanos que marcan con una X en la declaración de la renta. El monta total proviene de las aportaciones voluntarias (29,7%), ingresos corrientes (46,8%) e ingresos por actividades patrimoniales y extraordinarios (7,72%). Estas cantidades desmonta, por completo, la falsa idea de que la Iglesia se sostiene principalmente de dinero público. La ingente labor de pedagogía que se realiza desde las diferentes trincheras de la institución ha aumentado el compromiso de fieles y ciudadanos, extendiendo la idea de una Iglesia preocupada por la realidad del mundo.

Esto se demuestra en las inversiones del dinero ingresado. La Iglesia se gasta 12,5 millones de euros en mantener su vasto patrimonio, que si bien es de titularidad privada, no cabe duda de que todos los ciudadanos se benefician de su disfrute. La Iglesia en Sevilla invierte 4,5 millones de euros en pagar salarios -trabajo, sí, trabajo- y 3,6 millones de euros en actividades asistenciales, esas que llenan los frigoríficos y pagan las facturas de la luz de quienes nada tienen. Es la forma en la que la Iglesia combate el eufemismo de la pobreza energética.

Contra quienes piensan que la Iglesia va en picado y de capa caída, en Sevilla la realidad es diferente, como si se tratase de una ciudad sudamericana donde el catolicismo está en expansión. Gracias, en gran medida, al paso de la piedad popular, tal como señaló monseñor Gómez Sierra en la rueda de prensa. La acción caritativa de la Iglesia en Sevilla atiende a 315.378 personas -eso es la mitad de la población de Sevilla capital- a través de 258 Cáritas parroquiales, trece comedores o economatos y 345 centros educativos. El mensaje de Don Bosco caló hondamente en esta tierra y es lo que ha permitido el fortalecimiento de una Iglesia que a esta hora estaría en retroceso, como en todo Occidente. A esas cifras hay que unir los siete centros de asistencia a inmigrantes y refugiados y los doce de promoción para el empleo. Uno de ellos lleva por nombre Jesús del Gran Poder. Un dios sin nombre que llena las calles a su paso, como se demostró durante el Jubileo de las Hermandades, y que da oficio a los desesperados.

La visión de la realidad social

Asimismo, las cifras anteriores vienen respaldadas por las nuevas Orientaciones Pastorales para el próximo quinquenio que vienen a sustituir a los planes pastorales anuales que hasta ahora se redactaban. Con una visión mucho más ajustada a la realidad y con una intencionalidad largoplacista, la Iglesia en Sevilla desea abordar la problemática que acucia a todas las grandes ciudades. Bajo el lema de san Junípero de Serra, misionero norteamericano de origen español, la Iglesia en Sevilla continúa “siempre adelante”.

Fruto de un discernimiento pastoral realizado entre las distintas realidades eclesiales, las orientaciones pastorales han intentado reflexionar sobre el contexto socio-cultural que le está tocando vivir a la Iglesia en Sevilla. Tal como recoge el documento, estas orientaciones son “líneas estables y abiertas, que ayuden a las comunidades eclesiales a perfilar estrategias pastorales y misioneras adaptadas a sus necesidades concretas”. Lejos de huir de ellas, la Iglesia ha salido a su encuentro para mejorar su acción institucional, lo que refuerza la idea de que el catolicismo forma parte de la cultura y la sociedad sevillana.

Partiendo de la deshumanización a la que se ven sometidas las grandes ciudades, la Iglesia reconoce un cambio sustancial en la cultura urbana y en los modos de vida. El documento reconoce que las relaciones humanas están marcadas por la indiferencia y la distancia entre los semejantes. A ello, la Iglesia ha estado atenta a las especiales condiciones socio-económicas de Sevilla: tres de los cuatro barrios más pobres de España están en Sevilla, siete de los quince más afectados por la crisis económica. Esta realidad afecta a las necesidades vitales de las personas. La Iglesia reconoce que el peor efecto de la crisis económica es la crisis del Estado de Bienestar.

Lo más llamativo del documento es el tono de mea culpa que se eleva. “La Iglesia ha perdido la batalla cultural” dice el texto. Desde la institución se reconoce la secularización galopante y el crecimiento del laicismo, agresivo en muchas ocasiones hacia la propia Iglesia. A pesar de ello, saben que, en Sevilla, la Iglesia sigue manteniendo una hegemonía católica, tanto en manifestaciones externas de la fe como en el sentido moral y cultural.

La intención de estas Orientas Pastoriales es fortalecer el tejido comunitario de la Iglesia, ampliar el desarrollo de la iniciación cristiana -mejores cristianos y más comprometidos-, potenciar el servicio evangelizador de la piedad popular -una actitud inteligente para aprovechar el fructífero poso de las hermandades y cofradías para obtener frutos ubérrimos-, fortalecer la dimensión social y evangelizadora y, por último, avanzar en la conversión como fruto de este Año de la Misericordia.

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